sábado, 29 de julio de 2017

¡Oh tu fidelidad, cada momento la veo en mi!

orar con el corazón abierto

ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Me gusta una canción cuya letra, entre otras cosas, exclama: «¡Oh tu fidelidad! ¡Oh tu fidelidad! cada momento la veo en mi, nada me falta pues todo provees, grande Señor es Tu fidelidad».
Concretamente ayer sentí como esta canción se hacía realidad en mi vida. Las cargas de trabajo, los constantes imprevistos de última hora para solventar situaciones antes de que la gente marche de vacaciones, las reuniones imprevistas… se iban acumulando absorbiendo el tiempo y provocando un cansancio adicional. Al desplazarme de un lugar a otro, a mi mente llegaban el estribillo de esta canción: «¡Oh tu fidelidad! ¡Oh tu fidelidad! Tu compasión y bondad nunca fallan». Simplemente recordando estas palabras mi ánimo se iba fortaleciendo y mi espíritu me ayudaba a seguir adelante.
A última hora fui a visitar a un amigo enfermo. Acaba de ser operado de una grave enfermedad. Al llegar a la habitación le sostuve de la mano y comentamos la jornada. La suya de recuperación. La mía de resolver problemas lidiando con los agobios y el cansancio. En este momento, sentí de la mano de este amigo enfermo como Dios siempre toma de la mano para fortalecerte con su amor, su ternura y su misericordia. «¡Oh tu fidelidad! ¡Oh tu fidelidad! cada momento la veo en mi, nada me falta pues todo provees, grande Señor es Tu fidelidad». En los agobios cotidianos también estaban presentes en mi esos tiernos detalles de amor del Señor.
Así que hoy he decidido iniciar mi oración con el Salmo que exclama: «Tengo siempre presente al Señor. Él está a mi lado, nunca vacilaré. Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro».


¡Padre bueno, protégeme siempre, porque en ti pongo mi seguridad y mis anhelos! ¡Gracias, Señor, porque todo lo que poseo viene de Ti y todos los bienes que me regalas son un don precioso que no puede dejar de valorar! ¡Señor, tu eres mi mayor tesoro, mi presente y mi futuro están en tus manos, envía tu Santo Espíritu para que me de la fortaleza y la sabiduría para ordenar mi vida y no caer en los cansancios cotidianos! ¡Padre Celestial, tu eres mi refugio, dame un corazón valiente y concédeme la gracia de saber refugiarme cada día en Ti, Dios de amor, ternura y bondad! ¡Espíritu Santo, dame la dirección para saber siempre encontrar a Dios! ¡Padre, tu fidelidad es grande e incomparable, siempre eres fiel, ayúdame a serte siempre fiel! ¡Tu eres mi auxilio, Señor, porque eres el Dios que me da la vida, me sustenta, me sana, me levantas cuando todo parece que todo se desmorona! ¡Señor, gracias porque siempre me escuchas, me alientas y me acompañas todos los días de mi vida! ¡Oh tu fidelidad! ¡Oh tu fidelidad! ¡Cada momento la veo en mi, nada me falta pues todo provees, grande Señor es Tu fidelidad!

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