viernes, 21 de julio de 2017

«El Hijo del hombre es señor del sábado»

Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
Homilías sobre el libro de los Números, nº 23
«El Hijo del hombre es señor del sábado»
      El 'sábado' ha sido instituido como un día sagrado. Todos los santos y todos los justos deben celebrar el 'sábado'... Veamos pues en qué consiste la observancia del 'sábado' para los cristianos: el día del 'sábado', no se debe realizar ninguna obra que pertenezca a este mundo; debemos abstenernos de todas las obras terrenas, no hacer nada que pertenezca a este mundo, sino darnos a obras espirituales, venir a la iglesia, estar atentos a la lectura de la Escritura y a las explicaciones que en ella se dan, pensar en las cosas del cielo, ocuparnos de la esperanza de la vida futura, tener delante los ojos el juicio que nos aguarda, meditar, no las realidades visibles y presentes, sino las realidades futuras e invisibles. 


      También los judíos deben observar todo esto. E incluso entre ellos, los herreros, los albañiles, todos los que hacen trabajos manuales, no hacen nada el día del 'sábado'. Pero, en este día, los lectores que proclaman la Santa Escritura, los doctores que explican la Ley de Dios, no interrumpen sus funciones y, sin embargo no profanan el sábado. Mi Señor, él mismo lo reconoció: «¿No habéis leído, les dice, que los sacerdotes en el Templo no practican el descanso del 'sábado' y no cometen ninguna falta?» Así pues, el que se abstiene de las obras de este mundo y se dedica a actividades espirituales, éste es el que ofrece el sacrificio del 'sábado' y lo santifica como día de fiesta...

      Durante el 'sábado', cada uno se queda en su casa y no sale de ella. ¿Cuál es, pues, la casa del alma espiritual? Esta casa es la justicia, la verdad, la sensatez, la santidad; todo esto es Cristo, la casa del alma. De esta casa no se debe salir nunca, si es que queremos observar el verdadero 'sábado' y celebrar con sacrificios este día de fiesta, según la palabra del Señor: «El que permanece en mí, yo permanezco en él» (Jn 15,5).

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