jueves, 8 de junio de 2017

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón..., con todas tus fuerzas»

San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo, doctor de la Iglesia 
Avisos y máximas
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón..., con todas tus fuerzas»
      La fuerza del alma está en sus poderes, sus pasiones y sus facultades. Si la voluntad las dirige hacia Dios y las mantiene alejadas de todo lo que no es Dios, el alma guarda toda su fuerza para Dios; ama verdaderamente tanto como puede que es como el mismo Señor lo manda
Buscarse a sí mismo en Dios es buscar las dulzuras y las consolaciones de Dios, y esto es contrario al puro amor de Dios.
Es un gran mal tener presente los bienes de Dios más que a Dios mismo, la oración y el despojo.

      Hay muchos que buscan en Dios sus consuelos y sus gustos, y desean que su Majestad los llene de sus favores y sus dones; pero el número de los que pretenden complacerle y darle alguna cosa en detrimento de ellos mismos, menospreciando su propio interés, es muy pequeño. 

Hay muy pocos hombres espirituales, incluso entre los que uno piensa que están muy adelante en la virtud, que consiguen una perfecta determinación para el bien. Jamás llegan a renunciarse enteramente sobre algún punto del espíritu del mundo o de naturaleza, ni a menospreciar lo que se dirá o se pensará de ellos, cuando se trata de cumplir por puro amor a Jesucristo las obras de perfección y de desprendimiento...  

      El que no quiere sino a Dios sólo, no anda en tinieblas, por pobre y privado de luz que pueda ser a sus propios ojos...
El alma que en medio de las sequedades y abandonos conserva siempre su atención y su solicitud en servir a Dios, podrá sentir pena y temor de no llegar al fin; pero, en realidad, ofrecerá a Dios un sacrificio de un muy agradable olor (Gn 8,21).

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