jueves, 29 de junio de 2017

4 pasos para tener paz cuando los sentimientos te superan


¿Le has pedido ayuda a Dios para que te ayude a comprender lo que te pasa?

Hay muchas cosas que nos quitan la paz y que no nos permiten ver la realidad en toda su verdad. Si no tengo paz en el corazón algo ocurre. No necesariamente algo malo, pero algo pasa por tu corazón.
Por un lado es bueno. Es una señal de que el corazón está vivo, de que estás viviendo la vida con pasión. No eres indiferente ante lo que te pasa. Te cuestionas el sentido de lo que sucede. Buscas razones que iluminen tu realidad, tus emociones, incluso enredos interiores. Sientes, luego estás vivo y te estás tomando la vida en serio.
Sin embargo no necesariamente te sientes en paz. Entonces toca preguntarse: ¿Qué siento? ¿Por qué siento esto? ¿Por qué me pasa a mí? ¿Qué tengo que hacer con un corazón inquieto y lleno de emociones?
1. Lo primero que debes hacer es escuchar tus sentimientos sin sorprenderte o asustarte. Es bueno sentir y padecer lo que te sucede en la vida. No bloquees tus sentimientos. No los censures. No hagas oídos sordos. Pregúntate primero lo que estás sintiendo. Pregúntale a tu corazón lo que hay en él. Sin juzgar, sin buscar culpables ni el origen de lo que estás sintiendo.
2. Lo segundo, mete a Dios en tu corazón. Ábrele la puerta. Implora la presencia del Espíritu de Dios en ti. El Espíritu Santo es el Amor de Dios en ti. Es el alma de tu alma. Él anima tu vida, la hace nueva, la abre a la voluntad de Dios. Cuéntale a Dios lo que estás sintiendo. A Dios le importa todo lo tuyo. No hay ningún sentimiento que no se lo puedas contar. Sentir no es malo. Los sentimientos no son moralmente enjuiciables. Son neutros. Pídele a Dios que te muestre su voluntad. Reza al Espíritu Santo para que te ilumine y te ayude a discernir el camino que debes tomar o las insinuaciones que te esté haciendo Dios a través de esos sentimientos. ¿Le has pedido ayuda a Dios para que te ayude a comprender lo que te pasa? El Espíritu de Dios es maestro en discernir. ¿Por qué no cuentas con su apoyo en esto? Él tiene poder para reconciliar todas las cosas e infundir la paz en tu corazón.
3. Lo tercero, sal de tus sentimientos. No te quedes pegado a ellos. Eso es lo que te produce la turbación y la falta de paz. Dale a Dios su lugar en tu corazón. Él es el centro. Está más dentro de ti de lo que tú mismo estás. Dios nos quiere libres y nos ha pensado libres. Dios nos quiere llenos de paz y nos ha pensado en la paz. Es el momento de actuar: “Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”. No hay mayor paz ni mayor alegría que hacer la voluntad del Padre. Lánzate a por aquello que has sentido que Dios te pide. No tengas miedo a equivocarte. Es mejor equivocarse y volver a empezar de nuevo que quedarte paralizado sin mover un dedo. Por lo menos te quedas con la sensación de haberte arriesgado en nombre del Señor, aunque después no salga. El papa Francisco siempre dice que es mejor una Iglesia accidentada pero que se arriesga y que sale en busca de la oveja perdida, que una Iglesia encerrada en sí misma que no arriesga por miedo a equivocarse.
4. En cuarto lugar, implora la paz. Pídele al Espíritu Santo que te regale el don de la paz. Es un fruto del Espíritu Santo y se lo regala a aquellos que de verdad la buscan y la anhelan sin cansarse, sin dejar de implorarla. La paz no viene sola. Hay que salir a buscarla. Viene dada con el cumplimiento de la voluntad de Dios. La paz no es una calma aparente o exterior. La paz es fruto de la obra bien hecha, de la voluntad cumplida, de la búsqueda sincera. Hay que anhelar la paz del corazón y pedírsela a Dios como una gracia especial. No hay que cansarse de pedirla con la confianza de hijos, incluso aunque tengas que ser insistente y pesado. Es muy importante cultivar siempre el anhelo de paz porque en esa medida Dios me concede su paz.
No buscamos la paz de los cementerios, sino la paz del corazón. Es una paz que nos renueva y que nos recuerda que nuestra vida está hecha para vivir en Dios y para dejarse animar por Su Espíritu. El Espíritu es el alma de nuestra alma. Él nos ilumina y nos lleva a esa paz que anhelamos. Deja que el viento del Espíritu te impulse hacia horizontes nuevos hasta llegar al cielo.
¡Ven Espíritu de Dios, inunda mi corazón y llénalo de tu Paz y de tu Amor!

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