viernes, 5 de mayo de 2017

Viernes, mayo 5, 2017

Viernes, mayo 5, 2017

TERCERA SEMANA DE PASCUA, AÑO I
JUAN 6:52-59
Amigos, el Evangelio de hoy declara que el Verbo realmente se hizo carne. ¿Por qué ha habido tanta oposición a la encarnación desde el inicio? ¿Por qué la Eucaristía, que es la extensión de la encarnación, sigue siendo semejante fuente de división?

Creo que tiene que ver con la carne. Dios se hizo uno de nosotros, tan cercano a nosotros como la sangre, los músculos y los huesos. Ya no es correcto simplemente decir que Dios está en su cielo y que nosotros estamos en la tierra. No es correcto simplemente decir que Dios es espíritu y que nosotros somos materia. La materia ha sido invadida por el espíritu. Pero Jesús, Dios hecho carne, yendo al grano, nos invita a comer su cuerpo y a beber su sangre. Pero eso significa que quiere que lo asimilemos en nosotros mismos.

“¡Un momento, un momento!”, podrían pensar muchas personas. Eso es demasiado cercano e incómodo, pues significa que quiere ser Señor de mi carne y de mis huesos, que quiere entrar en todo espacio y recoveco de mi vida. Mi trabajo, mi recreación, mi vida sexual, mis juegos —todas estas cosas carnales que hago—, él quiere ser Señor de todo ello. Es precisamente eso.

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