jueves, 4 de mayo de 2017

¡OH DICHOSA SOLEDAD!


[Hay una letrilla que desde que fue leída por mí en un lugar mágico y evocador me la he repetido muchas veces. Yo no entiendo por qué la recuerdo, al revés de otras muchas cosas que pasaron por mi vida y que apenas han dejado rastro en la memoria. Recuerdo que  debajo de una hornacina con una calavera en su interior, que parecia mirarme,  me advertía  escrito en una lápida de mármol blanco: Como te ves, yo me vi, como me ves te verás, ¡ todo para en esto aquí ! ¡ Piénsalo y no pecarás !. Me he sorprendido, ahora, al cabo de muchos años repitiéndome la letrilla en el descanso de después de la comida. Quise ver si en internet se dice algo de eso y, en efecto, me he visto de repente trasladado al sitio donde está la lápida que visité en días muy lejanos: Las ermitas de Córdoba.
Alguien ha escrito que entre los españoles abundan muchos ( yo lo pondría en duda por lo menos en nuestros tiempos) con un temperamento inclinado a la mística y a la soledad. Desde tiempos inmemoriales han surgido en nuestra península en lugares, generalmente situados en paisajes mágicos, eremitorios. Allí se reunieron hombres desengañados del “mundo y su vanidad” como canta una copla del Cante Jondo, y se han dedicado a pensar más en el más allá que en el más acá. Vivían para morir y morían para vivir… la vida verdadera. Alguna vez he leído escrito por un solitario que España se parece en esto a los lugares del antiguo imperio bizantino de Siria y Egipto donde se recogían en una conmovedora “fuga saeculi” los Pablos, Antonios, los Agatones, y otros innumerables solitarios que después juzgaron más seguro agruparse en Lauras y Cenobios, con sus Doroteos y Dositeos que nos instruyen en libros ascéticos sobre cómo santificarse y ser gratos a Dios.
Fueron hombres enamorados de la soledad como camino hacia Dios, sin que esto signifique que no haya otros muchos caminos, quizás más meritorios. Su lema bien podría ser el antiguo adagio monacal:

“O beata solitudo, o sola beatitudo” “Oh feliz soledad, oh sola felicidad

Aquéllos hombres desaparecían del humano comercio y vivían solos con Dios, sin problemas de donde encontrar la Misa Tridentina o los sacramentos de la Iglesia. Su misa era la contemplación habitual de Cristo en su Sacrificio de la Cruz. Alguno de ellos-recuerdo haber leīdo-  no quería abandonar esta práctica ni en los días de Pascua. Aunque no hacía largos trayectos en medio del tráfago mundano para asistir a la Misa Tridentina, bien podía decir que ” estoy crucificado con Cristo” en la misa que vivo perennemente en mi corazón.
Yo confieso que me he sentido conmovido cuando he visitado lugares como la Ermitas de Córdoba o las de Cazorla en la Serranía de su nombre o las ermitas de Mallorca todavía con ermitaños, o en las de los “desiertos ” carmelitanos (en España hubo cinco o seis) como el de las Batuecas o el “desert de les  Palmes” de Benicasim. Entonces pienso con nostalgia ¡Cómo han cambiado las cosas en nuestros días!
He empezado con estas reflexiones y término ofreciéndoles este post rememorando experiencias lejanas y completándolas con lo que nos muestra el bendito internet.
Como escribía Santa Teresa cuando reflexionaba al margen del hilo de lo que escribía “mucho me he divertido”, lo digo yo también. Lo dicho nos servirá para relajarnos un poco y “divertirnos” de nuestros aciagos días poblados de Franciscos, Burkes, etc… ¡Que disfruten!
A continuación un vídeo y un texto explicativo sobre las ermitas de Córdoba, cuyo nombre oficial antiguo es “Desierto de Nuestra Señora de Belén
Pulsen para ampliar estas hermosas fotografías:
  • Entrada principal a las Ermitas de Córdoba
  • Una pequeña pintura en la roca se ha convertido en Santuario para quienes visitan las Ermitas de Córdoba
  • Cruz del Humilladero en las Ermitas de Córdoba
  • Interior de la Ermita de la Magdalena
  • Interior de la iglesia de las Ermitas de Córdoba
  • Interior de la iglesia de las Ermitas de Córdoba
  • Panorámica conocida como 'El rodadero de los lobos' en las Ermitas de Córdoba
  • Monumento al Poeta Fernández Grilo en las Ermitas de Córdoba
  • Camino empedrado dominado por cipreses en las Ermitas de Córdoba
  • Ermita de la Magdalena
  • Portada de la iglesia de las Ermitas de Córdoba
  • Interior de la iglesia de las Ermitas de Córdoba
  • Sagrado Corazón de Jesús en las Ermitas de Córdoba
  • Cruz blanca y sillón del obispo en las Ermitas de Córdoba

Las Ermitas

Sobre la antigua puerta de acceso a las Ermitas de Córdoba una breve inscripción nos resume entan sólo dos palabras lo que el visitante va a experimentar en su visita: “Bendita Soledad“. Nada más acceder, en el vestíbulo de entrada, unas inscripciones nos llevan a la reflexión: “Detén el paso y advierte / que este lugar te convida / a que mueras en la vida / para vivir en la muerte“.
Los ermitaños que, desde principios del siglo XVIII [Había desde antiguo ermitaños en el lugar o cercanías, en el bosque de la Albaida] ocuparon este desierto de ermitas, gracias a la cesión de los terrenos por parte del Cardenal Salazar, desaparecieron de este lugar en 1958, cuando su modelo religioso entró en decadencia, muriendo ese mismo año el último de ellos, Juan Vicente de la Madre de Dios. Fue en estos momentos cuando el obispado decidió ceder los terrenos a los carmelitas descalzos, la orden religiosa más cercana a este modo de vida.
Pero el recuerdo de los ermitaños, aunque ausentes, se mantiene en el lugar, alentado por los textos escatológicos y la paz del cementerio que inspiran sus altos cipreses apuntando al cielo. Un empedrado camino, denominado de los Cipreses, nos dirige en suave pendiente a las ermitas. Al final del trayecto un rojo zócalo de ladrillo rojo sirve de base a la sencilla Cruz del Humilladero, alzada “a la memoria del Excmo. Sr. D. Federico Martel de Bernuy, Conde de Torres-Cabrera, y del menado, protector de este santo retiro“. Bajo la lápida se encuentra una pequeña hornacina, que alberga una calavera junto a una inscripción que dice así: “Como te ves, yo me vi; / como me ves, te verás. / Todo para en esto aquí. / Piénsalo y no pecarás“.
Antes de arribar en la iglesia llama la atención un gran llano poblado de palmeras, en el que destaca la Ermita de la Magdalena, levantada en el año 1798 “a devoción y expensas del Excmo. Sr. Duque de Arión” afirma una inscripción. Aún conserva el bastón y el lecho de su último inquilino, así como otros objetos de uso de los ermitaños. La ermita posee doce nichos, que tras ser ocupados se tapiaban y, finalmente, se blanqueaban si poner nombre alguno. Sorprende el hecho que siempre haya un nicho abierto, a la espera de ser ocupado por otro difunto.
El “Silencio” es la carta de presentación de la humilde pero a la vez atrayente iglesia, cuya portada alberga sencillas líneas neoclásicas. Presenta una pequeña planta de cruz latina, con cúpula sobre pechinas y pavimento de mármol. Posee el templo tres altares, al Altar Mayor, de principios del XIX, sustituye a uno antiguo que se quemó en un incendio, y está presidio por una Virgen de Belén de medio cuerpo con el Niño en brazos. A ambos lados del crucero se encuentran dos altares más, uno dedicado a San Pablo y San Antonio Abad, y el otro a San José. Tras la cabecera del templo se conserva la estancia que usaban los ermitaños como Sala Capitular, que acoge un bonito camarín con la imagen de la Virgen de las Victorias.
Al salir descendemos por una suave pendiente hasta llegar a un nuevo llano, conocido como el Balcón del Mundo, un magnífico mirador que abarca toda la ciudad, sin duda una de las mejores vistas de Córdoba. Una colosal estatua de grandísimo pedestal preside el lugar, se trata del Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, labrado en 1929 por el escultor sevillano Lorenzo Coullaut Valera.
Cerca del recinto, a la derecha, hallamos un empinado despeñadero conocido popularmente como el “Rodadero de los Lobos“, en el que se encuentra una gran Cruz blanca de piedra sobre pedestal. A su lado, sorprende ver un sillón también labrado en piedra, mandado instalar en 1803 por Don Pedro Antonio de Trevilla, que a la postre fuera obispo de Córdoba entre los años 1805 y 1832, obispo muy recordado por prohibir la celebración de procesiones en Semana Santa durante varios años. Volviendo al sillón que nos ocupa, es conocido como el “Sillón del Obispo” por razones obvias. Dice la tradición, que las muchachas casaderas se sentaban en él con la esperanza de encontrar un futuro marido.
Si se pregunta qué visitar en Córdoba, una buena opción serían las ermitas, eligiendo una de nuestras visitas guiadas. Apostar por hacer turismo de calidad es hacerlo por ArtenCórdoba.

Las ermitas de Córdoba tienen su propio santo, el Hermsno Martín de Cristo, que no desmereció de los antiguos ermitaños y de quién se escribió un opúsculo en 1673 editado en Pamplona. De mi visita conservo un libro del que pongo dos ilustraciones.
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(Documento gráfico de 1944)

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