lunes, 8 de mayo de 2017

Lunes, mayo 8, 2017




Lunes, mayo 8, 2017

CUARTA SEMANA DE PASCUA, AÑO I
JUAN 10:11-18
La imagen del buen pastor es una imagen clásica en la Biblia. En el libro del profeta Ezequiel escuchamos que Dios vendría un día y que pastorearía a Israel él mismo. Los pastores guardaban, guiaban, protegían y vigilaban sus rebaños —tal y como Dios guarda, guía, protege y vigila a Israel.

Esta imagen llega a su máxima expresión en las palabras de Jesús: "Yo soy el buen pastor". ¿Qué es precisamente lo que le hace bueno? Un buen pastor entrega la vida por sus ovejas. El buen pastor está tan orientado a los demás, está tan entregado a sus ovejas, que está dispuesto a rendir su vida con tal de que éstas vivan. Ciertamente, un buen pastor debería hacer todo lo posible por proteger y guiar su rebaño, pero ¿quién entre nosotros realmente esperaría que entregara su vida por ellas? Sin embargo, esto es precisamente lo que Jesús afirma hacer.

Imaginen la diferencia entre los humanos y las ovejas; ahora multipliquen esa diferencia al infinito. Eso les daría cierta idea de la diferencia que existe entre Dios y la humanidad. Y, no obstante, Dios está dispuesto a entregar su vida gustoso por nosotros.

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