miércoles, 3 de mayo de 2017

Juan Pablo II me enseñó a orar

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Juan Pablo II me enseñó a orar
Habrán visto a una persona arrodillada con fe ante Cristo Eucaristía, en un encuentro personal con Él, con los ojos cerrados, inmutable, completamente ajena a todo lo que sucede a su alrededor, centrada en Dios. Ves la actitud de esa persona y dices: verdaderamente está en la presencia de Dios. A su alrededor, en la sencillez de la escena, se percibe un ambiente de misterio.

Orar como respirar

A orar se aprende de la misma manera que se aprende a respirar. Pero ayuda que alguien te lleve de la mano, que alguien te acompañe en tu oración y, sobre todo, ayuda ver cómo oran otros. Esto último, es lo que a mí más me ayuda: ver a alguien en profunda oración. Y la persona que más impacto ha hecho en mí mientras estaba en oración fue Juan Pablo II.
 Mientras estudiaba en Roma preparándome para la ordenación sacerdotal que recibí de él mismo el 3 de enero de 1991, tuve la gracia de ayudarlo varias veces en la misa, como acólito.  Recuerdo un momento especialmente fuerte para mí.

Junto a La Piedad de Miguel Angel, en la Basílica de San Pedro, hay un recinto pequeño donde en ocasiones se reviste el Papa con lo ornamentos para la celebración de la eucaristía. El lugar es muy pequeño. Allí estábamos dos religiosos en silencio esperando al Papa. Lo único que había en la habitación era una mesa con los ornamentos y un crucifijo. De pronto entra el Papa Juan Pablo II y cayó desplomado, de rodillas, ante la imagen de Cristo crucificado, puso los brazos sobre la mesa y su frente encima. Allí estuvo cinco minutos en profunda oración, preparándose para iniciar la misa.
Al verlo dije en mi interior: no me cabe la menor duda de que Dios está aquí y este hombre está hablando con él. El Papa está verdaderamente en la presencia de Dios, cara a cara. Con sólo verlo recibí la mejor lección de oración que he tenido en mi vida.
El Papa Benedicto XVI compartía con nosotros el domingo 1 de mayo su testimonio personal al tratar a Juan Pablo II: “El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio”.

Testimonios de la oración de Juan Pablo II

El cardenal Stanislaw Dziwisz, ahora arzobispo de Cracovia, que fue secretario de Juan Pablo II durante cuarenta años, respondió así a la pregunta sobre la vida de oración del Papa: “Me preguntan: ¿Cuántas horas rezaba el Papa? ¿Cuántos rosarios decía al día? Yo contesto que él rezaba con toda su vida. Llevaba siempre el rosario consigo, pero sobre todo estaba unido a Dios, hombre de Dios, inmerso en Dios. Aunque la gente no lo sabía, él rezaba siempre por las personas que venían a él, después del coloquio rezaba también con las personas con las que había hablado. Toda jornada comenzaba con oración, meditación, y terminaba siempre con la bendición de su ciudad, Roma. Siempre, cuando aún podía caminar, iba a la ventana; al final, cuando estaba muy débil, pedía “levantadme” para ver de nuevo Roma y bendecirla. Este era siempre el último gesto de cada día, bendecir al pueblo de Roma, su diócesis.”
Y el Cardenal Bertone, Secretario de Estado, definió el 2 de mayor a Juan Pablo II como: “un hombre de fe, un hombre de Dios, que vivía de Dios”. La vida de Juan Pablo II “era una oración continua, constante, una oración que abrazaba con amor a cada uno de los habitantes del planeta Tierra, creado a la imagen y semejanza de Dios, y por esto digno de todo respeto”. Su oración era “ una constante intercesión por toda la familia humana, por la Iglesia, por toda la comunidad de los creyentes, en toda la tierra -tanto más eficaz, cuanto más señalada por el sufrimiento que marcó varias fases de su existencia”. “¿No es quizás de aquí – de la oración vinculada a sus muchos acontecimientos dolorosos y los de los demás – de donde nacía su preocupación por la paz en el mundo, por la pacífica convivencia entre los pueblos y de las naciones?”, se preguntó.
Que el Beato Juan Pablo II interceda por nosotros para que seamos hombres y mujeres de una profunda vida de oración y que el recuerdo de su testimonio siga siendo una escuela de oración.
Tú, ¿qué le pedirías al nuevo beato?

Autor, P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)
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