domingo, 2 de abril de 2017

Saborear el encanto de Dios en mi vida


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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Esta mañana me he levantado con este pensamiento: ¿Cómo es posible que sintiéndome cristiano y creyendo en Dios no me ponga a gritar de felicidad y alegría en cada momento de mi vida? Probablemente porque he sido bautizado con el agua del Bautismo pero me falta estar todavía bautizado con el fuego del Espíritu. Y por eso mi espíritu se queda amortecido ante la gracia de la fe y de mi ser cristiano. Y es que la apatía espiritual merodea con frecuencia mi vida. Me falta más experiencia de Dios. Cumplo sí, con mis prácticas religiosas, pero me falta profundizar más en el conocimiento de Dios. Tener un encuentro más cercano con el Dios vivo, amoroso y misericordioso que me ha dado la vida.
Dios no es un concepto. Dios es Amor. Y el amor necesita ser experimentado. Para conocer a Dios es necesaria la experiencia personal. Permitirle que entre en mi interior y dejarme asombrar por la gracia de su Espíritu. Dios da vida al interior del hombre. Es en el silencio de la oración donde mejor se conoce a ese Dios de amor y misericordia. Es en el silencio de la oración donde surge el encuentro estimulante con el Dios vivo que conforta el corazón, que ilumina el camino y que permite que crezca en cada uno la vida.
Hoy quiero a lo largo del día saborear el encanto de Dios en mi vida. Voy a tratar de acercarme a la fuente de agua viva y beber del Espíritu para que fluya en mi, sacie mi sed y se convierta en una caudal que inunde mi interior.




¡Alabado seas por siempre mi Señor! ¡Alabado y glorificado seas! ¡Gracias, Señor, porque estoy edificado en el fluir del río de agua viva que eres Tú! ¡Creo en Ti, Señor, y deseo fervientemente que entres en mi corazón para saciar la sed, para que me llenes de tu amor y tu misericordia y del evangelio de la vida! ¡Permíteme, Señor, que el agua de vida corra en mi interior! ¡Hazme disponible a los demás, en todo momento y en todo lugar! ¡Padre de bondad, en este día pongo ante Ti mi voluntad y mi pobre corazón; te pido a cambio, Buen Dios, que actúes sobre todas mis palabras, mis obras y mis pensamientos! ¡Sostenme, Padre, para que en ningún momento algo que diga, que haga o que piense te desea desagradable! ¡Ayúdame a que cada momento de este día esté consagrado a Ti y tenga presente el Amor Santo y Divino que me tienes a mi y a todos los hombres y mujeres de este mundo! ¡Y Padre, Tu que eres amor infinito, vuelca toda Tu Misericordia sobre cada una de mis necesidades que son muchas!

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