sábado, 22 de abril de 2017

Sábado, abril 22, 2017

  Sábado, abril 22, 2017

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA, AÑO I
MARCOS 16: 9-15
Amigos, en el pasaje de hoy Jesús encomienda a sus discípulos que proclamen el Evangelio a todos. Una de las grandes lecciones de la Resurrección es que el camino de la salvación está abierto para todos. Pablo nos dice que Jesús “siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo (…) obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz”.

En pocas palabras, Jesús descendió hasta el fondo, adentrándose en el dolor, la desesperación e incluso el abandono de Dios. ¿Por qué? Para así poder alcanzar a todos los que se habían alejado de Dios. Luego, a la luz de la Resurrección, los primeros cristianos llegaron a entender que incluso si tratamos de alejarnos a todo correr del Padre, buscando caer en el abandono más profundo de Dios, en realidad estamos corriendo hacia los brazos del Hijo. La Resurrección nos muestra que Cristo puede volver a reunir con el Padre a todo aquel que él ha abrazado a través de su amor sufriente.

Por lo tanto, no domestiquemos el mensaje todavía tan sorprendente y desconcertante de la Resurrección. Más bien, permitamos que nos inquiete, que nos transforme, que prenda fuego en nosotros.

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