miércoles, 5 de abril de 2017

Miércoles, abril 5, 2017


Miércoles, abril 5, 2017

DÍA 36 DEL CUARESMA
JUAN 8:31-42
Amigos, hoy en nuestro Evangelio Jesús confronta a los líderes judíos que querían matarlo, diciéndoles que se han endurecido en su pecado. Les dice, “Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado”. En nuestra tradición el pecado es una especie de no-ser, una ilusión, por así decirlo. Vivir en pecado es vivir testarudamente en un mundo irreal. Nuestra mente queda confundida, y nuestra voluntad permanece desorientada. Esto ayuda a explicar por qué suele referirse al demonio como el padre de la mentira.

El teólogo Henri de Lubac da voz a esta convicción cuando se refiere al pecado como cette claudication mysterieuse, esta cojera misteriosa. Es una deformación, una corrupción. Todos nosotros, pecadores, en mayor o menor medida hemos caído en esa mentira. En el corazón de esta mentira —como podemos apreciar en el relato del Génesis— encontramos la deificación del ego. Me convierto en el centro del universo, con mis necesidades, mis miedos y mis demandas.

Y cuando este “yo” enclenque ocupa el centro del cosmos, el nexo que une todas las cosas entre sí se pierde. La realidad básica se convierte ahora en rivalidad, competición, violencia y desconfianza.



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