martes, 18 de abril de 2017

Martes, abril 18, 2017

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Martes, abril 18, 2017

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA, AÑO I
JUAN 20: 11-18
Amigos, en el Evangelio de hoy san Juan narra el encuentro de María Magdalena con Jesús resucitado. Hay una lección interesante que se desprende del inquietante hecho de la Resurrección, a saber, que éste no es el mundo definitivo. Lo que quiero decir es que todo lo que existe no se reduce a este mundo. Vivimos nuestras vidas bajo el supuesto razonable de que el mundo natural tal y como lo conocemos constituye el marco de referencia definitivo donde acontecen nuestras vidas y nuestras actividades. Y así, uno de los rasgos más poderosos y aterradores de nuestro sentido común es la cuestión de la muerte. Todo ser vivo muere y permanece muerto.

Pero, ¿qué pasaría si la muerte y esta disolución no tuvieran la última palabra? ¿Qué ocurriría si, a través del poder de Dios, y de acuerdo a su providencia, volvieran a nacer "un nuevo cielo y una nueva tierra"? La resurrección de Jesús de entre los muertos se presenta en definitiva como algo tan posible como el hecho de que Dios tenga en mente algo mayor que cualquier cosa que hayamos podido imaginar o pensado posible.

Y, por lo tanto, no tenemos que vivir como si la muerte fuera nuestro señor. A la luz de la Resurrección podemos empezar a ver este mundo como un lugar de gestación, como un lugar de crecimiento y maduración hacia algo superior, algo más permanente, algo más espléndido.

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