domingo, 16 de abril de 2017

¿En qué pensaba Cristo?


Ante un Misterio como el del sufrimiento y la muerte del Hijo de Dios, poco más puede uno hacer que ponerse de rodillas y callar, como manda la liturgia de estos días. Si, un día como hoy, la Palabra eterna que creó el mundo dijo “soy un gusano, no un hombre", ¿qué podemos decir nosotros que no suene ridículo y fuera de lugar?
Solo la poesía, con su locura desmedida, puede osar abrir la boca, de modo que, siguiendo la tradición de otros años, ofrezco a los lectores un soneto de Viernes Santo, con mi deseo de que sigan viviendo santamente la Semana Santa.
¿Qué pensabas, Señor?
¿Qué pensabas, Señor, en aquel día
que el sol no quiso ver, avergonzado,
en que fuiste por mí crucificado,
día de horror, tinieblas y agonía?
¿Recordabas entonces la alegría
del Tabor y Betania en el pasado,
a Pedro, fanfarrón y apasionado
o los dulces abrazos de María?
¿Voló tu pensamiento al trono eterno,
guardado por el Padre para ti,
a tu vuelta gloriosa del infierno?
¿Añorabas el alba carmesí
de este mundo, recién creado y tierno?
¿Pensabas, buen Jesús, acaso en mí?

 El beso de Judas
¿Qué es un beso? Solo eso,
Un gesto efímero y tierno
Como el leve sol de invierno,
Que roza la piel, travieso.
Mas pesa tanto este beso
Que abre el suelo hasta el infierno,
Porque tierra y cielo eterno
No soportan tan gran peso.
Azotes, clavos, lanzada,
Vinagre, insultos y hiel
Sufrió Cristo, mi Señor
Y fueron menos que nada
Al lado del beso infiel
De aquel amigo traidor.
Una gota de esa Sangre
De tanta sangre, una gota
La derramas hoy por mí,
Sabiendo bien que yo fui
Como el rufián que te azota.
Cuando de esa carne rota
Brota el vino carmesí,
Yo gano lo que perdí,
Mi victoria es tu derrota.
Ay de mí, que fui comprado
Pagando tan alto precio,
Más allá de lo soñado.
Ay de mí, que soy un necio
Y por haberme salvado
No te di más que desprecio.

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