domingo, 16 de abril de 2017

De este mundo, la primera

Hace muchos años, viajé a Loretto con ocasión de un encuentro de jóvenes con el Papa Juan Pablo II que se celebró allí. Al visitar la basílica, me impresionó mucho un mosaico con una escena de la vida de Cristo que nunca había visto antes: la aparición de Cristo resucitado a Nuestra Señora, en la mañana de Pascua.
Se trata de una escena que no aparece en los Evangelios, pero que se ha transmitido en algunas tradiciones, recogidas, entre otros, por San Anselmo de Canterbury, San Alberto Magno y el propio San Juan Pablo II, tan amante siempre de la Virgen y todo lo que tuviera que ver con ella:
“Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario […] ¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos (cf. Hch 1, 14), haber sido excluida del número de los que se encontraron con su divino Hijo resucitado de entre los muertos?
Desde entonces, he encontrado la escena en muchas otras obras de arte, como la que ilustra este artículo. Recuerdo que, aquella vez, me llamó la atención lo lógico que era aquel encuentro. ¿A quién iba a visitar en primer lugar Cristo resucitado, después de bajar a los infiernos? A su Madre, por supuesto. Si alguien le había llorado más que nadie, era ella. Y si Cristo estaba deseando ver a alguien en este mundo, era a su Madre.
También me gustó el hecho de que la escena no estuviera en los Evangelios. Me pareció un detalle de pudor de Cristo, por lo íntimo de la reunión con su querida Madre. Hay encuentros y misterios que no están hechos para los ojos terrenales y que sólo pueden ser objeto de adoración, nostalgia y poesía.
Pensando en aquel mosaico (que no he logrado encontrar en Internet), he escrito el tradicional sonetillo de Pascua, sobre el encuentro de María y su Hijo resucitado la mañana del domingo pascual.
Quién esta mañana viera
A la que tanto lloró,
Mas con fe siempre esperó,
Diciendo “lo que Dios quiera".
Todo alcanza quien espera:
Hoy, su Hijo, que murió,
Vivo está y la visitó,
De este mundo la primera.
Llora la Madre de gozo,
Llora el Hijo de alegría,
Llora el cielo de alborozo
Y llora la muerte mía,
Pues sabe que su destrozo
No ha de pasar de este día.
Feliz Pascua a todos los lectores.
¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

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