viernes, 3 de marzo de 2017

Misericordia y cenizas

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1 de marzo de, 2017 por  

Con un poco de auto-indulgencia fuera del camino, esta mañana llegamos a la parte buena, mirando hacia abajo a la realidad de la muerte.
A pesar de que, aun así, aun cuando diga en voz alta y tratar de imaginarlo, intenta hacer frente a ella, no puede ser real. La muerte es tal imposibilidad, una propuesta tan ridícula. El cuerpo es tan vivo, seguro que siempre va a continuar. Y más aún el alma. Cada vez que alguien muere Soy incapaz de llegar a percibir cómo tal cosa podría suceder. Espero que siempre encontrarse con él o ella a la vuelta de la esquina. Siempre toma recordándome a mí mismo que la persona ha desaparecido y no será volver. Y es aún más imposible imaginar que yo mismo se puede dejar aquí y tener mi cuerpo dejó caer pesadamente en el suelo.
Siempre pienso que las mujeres que se colocan al pie de la cruz, que llora por supuesto, también deben haber sido tan sorprendido. Jesús debe haber sido mucho más vivo que cualquiera de nosotros. Y se necesita un gran desgarro, una arrancando de la vida para sacarnos de aquí, uno por uno. Debe haber sido un shock inconmensurable.

Al igual que con un bebé recién nacido y dejando una cruz de ceniza se unta en la piel suave y perfecta. Eso siempre me hizo venir todos los pedazos.
La muerte es una consecuencia amargo para alejarse de Dios. Es un juicio terrible. Que los lazos de amor, el afecto, la familiaridad, la comodidad debe ser partido en dos, uno por uno, ya que cada persona pasa por la tumba es tan terrible, tan terrible. Y sin embargo, seguimos teniendo una y otra vez.
Qué gran misericordia, entonces, que Dios, a pesar de que no tenía que, vendría y soportar nuestra muerte en la muerte de su Hijo. Qué gran amor con que nos ama que no lo hacemos, cuando nos agarra a él, con la cara que sólo la muerte, ni se enfrentan a la pérdida de los tan precioso, tan necesario para nuestra propia felicidad y sin esperanza.
Y que no tenemos que hacer nada, que no podemos de todos modos, para ir a él en la vida eterna. No puedo hacer mi propia vida pasar en un momento dado, incluso, no puedo sostener mi propia respiración, no puedo hacer que mi corazón siga latiendo. Desde luego, no puedo estar vivo para siempre, incluso en mi alma. La muerte es inevitable para mí. Pero para Dios, que sostiene la inmensidad del cosmos, junto con su Palabra, no es demasiado. Sólo necesito confiar en él. Necesito sólo se arrepientan y se aferran a su cruz.



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