viernes, 10 de marzo de 2017

MIREMOS A LA EUCARISTÍA…

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Derramar los ojos, los nuestros- cansados, preocupados, inquietos, desorientados- en los ojos de Jesús es el basamento de la plegaria cristiana. Mira que te mira, dice Teresa de Avila. “Yo lo miro y él me mira”, exclamó aquel campesino de Ars que gastaba largas horas sentado ante el Sagrario en la Iglesia que atendía el Santo Cura de Ars.
De eso se trata. De mirar hacia El y quedar resplandecientes, como canta el salmista. Resplandeciente no por lo visto sino por la vista de Aquel que me mira. Me mira y me cautiva. Y nuevamente aquí está la esencia de la fe cristiana: dejarse mirar por el Amor. Como invita Teresa del Niño Jesús: “Mira su Faz adorable…Mira esos ojos apagados y bajos! Mira esas llagas…Mira a Jesús en su Faz…Míralo y verás cómo nos ama”.

Permítanme que le haga decir a Nuestro Señor estas palabras para cada uno de ustedes: “Vengan a Mí, para que puedas mirarlos con amor”. En el Nº 136 del DA leemos: “La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (cf Jn 10,3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf Jn 14, 6). Es un respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo”  (cf Jn 13, 1) En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré adonde quieras que vayas” ( Lc 9, 57)”
P Claudio Bert

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