domingo, 5 de marzo de 2017

«La virginidad de María no es algo íntimo: da testimonio de la importancia suprema que tiene Dios»

«La virginidad de María no es algo íntimo: da testimonio de la importancia suprema que tiene Dios»
Albert Marie Surmanski es una religiosa dominica y teóloga profesora en Ave Maria University en EEUU


-¿Tan importante es hoy y en esta época la virginidad perpetua de María y su maternidad? ¿En esta cultura nuestra, con los debates sobre el matrimonio y el acompañamiento pastoral…?
-Sí creo que la virginidad perpetua de María es importante. Puede ser hoy para algunos una doctrina difícil. Parece algo antinatural o injustamente impuesto a María. Parece un detalle personal privado. ¿Por qué hablamos de ello?

»Como decimos en el Manual, “el milagro de la virginidad perpetua es un milagro que sigue a la Encarnación, de modo que su corazón, su memoria y todo su cuerpo dan testimonio de la forma maravillosa en la que el Hijo de Dios se hizo hombre en ella. En su virginidad, María es una imagen de la Iglesia, que preserva entera y sin mancha la fe que le fue confiada por Cristo.


»Así que, sí, su virginidad es un detalle personal, pero es un detalle personal que significa algo. En nuestra cultura, olvidamos a veces que nuestros cuerpos tienen un significado. Lo que hacemos con ellos habla sobre lo que somos. La virginidad de María, expresada también en su vida, da testimonio de la importancia suprema de Dios.

»Creo que también es importante recordar que María decide con alegría. Ella dice: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. Sí, María es dócil. Da la bienvenida al plan de Dios. Pero ella es alguien que decide. María es una mujer fuerte. Le pregunta al ángel. Sale de viaje a visitar a Isabel. Posiblemente fue también decisión suya ir con José a Belén a registrarse en el censo. Le hacemos un mal servicio si asumimos que no aceptó alegremente su virginidad como el fundamento de una vida centrada radicalmente en Dios: vivían en ella Jesús, el Padre y el Espíritu Santo. ¿Cómo fue su relación con Dios? ¿Cuál fue su experiencia? Incluso desde el punto de vista práctico, fue su virginidad la que significaba que en ocasiones era libre para seguir a Cristo en su ministerio, para estar al pie de la Cruz, para asumir un papel de madre hacia la Iglesia. Su virginidad no significa pasividad, significa libertad para asumir un papel importante en el plan de Dios.

-¿Cómo puede una atareada madre actual acercarse más a María?
-Propondría pensar en María mientras haces las tareas de la vida diaria. Nadie ha vivido una vida más normal que María, y sin embargo nadie la vivió de forma más hermosa. Uno de mis escritores espirituales preferidos que habla de María es Catherine de Hueck Doherty, una emigrante rusa que vino a Norteamérica tras la Primera Guerra Mundial y fundó Madonna House Apostolate [La Casa de Nuestra Señora]. En sus escritos, habla a menudo de convertir tu casa en un Nazaret, un lugar donde Cristo es bienvenido, donde todo acto expresa el amor de Dios. Catherine tiene un tremendo sentido del poder espiritual que reside en una vida normal vivida en gracia de Dios. Escribe sobre María: “Ella es la mujer de la palabra y la mujer del silencio. Es más fuerte que un ejército en orden de batalla y tan débil como solo una mujer puede ser con Dios. Ella fregaba y limpiaba, cocinaba y sabía coser. Su vida era un mar de pequeñas cosas”.


Catherine Doherty (1896-1985), en una audiencia con San Juan Pablo II.
-¿Cuál es su oración mariana favorita?
-¡Tengo una respuesta diferente cada vez que me hacen esa pregunta! Me gusta la Salve Regina. Como dominicas, la rezamos como el “buenas noches” a María al final de cada día. Me agradan particularmente las palabras: “A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Me gusta que podamos volvernos a María cuando sufrimos. También me gusta reconocer que vivimos en un “valle de lágrimas”. El mundo no es perfecto. No es una extraña traición al mensaje cristiano cuando nuestras vidas son difíciles o nosotros somos imperfectos. Dios vino a través de María a un mundo imperfecto, roto, pecaminoso. Todavía hace brillar Su luz sobre nosotros y a través de nosotros cuando las circunstancias de nuestra vida son difíciles, exigentes e imperfectas. Paradójicamente, la frase sobre “este valle de lágrimas” me facilita estar alegre. Pienso: “De acuerdo. Dios es perfecto. Yo no lo soy, mi vida no lo es, tampoco este mundo. Y está bien así. Mi alegría viene de Cristo”.

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