miércoles, 22 de marzo de 2017

Jesús al rescate de los hijos de Dios Jn 4, 5-20.

Jesús al rescate de los hijos de Dios Jn 4, 5-20.

Comentario al evangelio.
El pasaje de la tercera semana de cuaresma tiene bastantes comentarios, por lo que nos pareció más conveniente tratar temas relevantes que hoy podemos visualizar con mayor urgencia, pues se reflejan en nuestras comunidades católicas-cristianas, una perdida como hijos de Dios.

Este pasaje conocido como: “Jesús y la samaritana” goza de grandes privilegios para los predicadores, ya que de él han desarrollado grandes temas, hoy vamos a desarrollar una realidad: llamar a los hijos de Dios para recuperarlos. Jesús llega a un pueblo de Samaría, la misma palabra de Dios acentúa que no se trataban judíos y samaritanos, los problemas de la deportación a Asiría y viceversa de gente de Asiría no israelita hacía Samaría genera grandes problemas en la relación de lo que había sido territorio israelita, posteriormente los problemas al regreso de la deportación de Babilonia cuando los samaritanos se ofrecen para ayudar a reconstruir el templo y en tiempo de Jesús todos los problemas raciales y tretas que unos y otros usaban para mostrar el desprecio el uno por el otro.
A llamar a los hijos de Dios.
Jesús llega a un lugar que está en crisis donde va a llamar a unos hijos de Dios, para recuperarlos, primero existe un pozo de agua conocido como de Jacob, el gran patriarca, cuyos hijos no saben sí seguir a Jesús o no, se consideran hijos de Dios, los elegidos por Dios, en Jesús muchos israelitas ven la posibilidad de que Jesús sea el mesías, pero sus dirigentes ven a un enemigo. Es muy fácil comprobar una idea que se vive en la población de muchas ciudades católicas-cristianas, sí se pregunta que son hijos de Dios, unos indignados dicen que todos son hijos de Dios, porque todos han sido creados por él, pero el ateo, no cree, muchos filósofos creen en su palabrería pero no en ser hijos de Dios, los que según son hijos de la ciencia y la razón no creen en Jesús como su papá, para otros más creen que los formo dizque los “hermanos mayores”, pero Dios no, entonces… ¿son hijos de Dios o no?, ¿qué es un hijo de Dios?
Jesús llega hasta el pozo junto con sus discípulos que parten para comprar alimento, Jesús literalmente se sienta sobre el broquel del pozo, teológicamente es más que él pozo, en eso llega una mujer, es casi medio día, el sol está intenso pega en la coronilla de la cabeza, es una mujer samaritana y Jesús al verle llegar, quizá observando que prepara lo necesario para empezar a sacar agua y llenar su cántaro le dice las palabras que abren todo el relato: Jn 4:7 Una mujer de Samaría llegó a sacar agua.
Jesús le dice: –Dame de beber. Podría ser algo natural en la hospitalidad oriental el asistir al sediento, pero esta vez hay un gran detalle: Jn 4:9 Le responde la samaritana –¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?; la mujer tiene razón, ella es testigo de las indirectas, de las ofensas, de la palabrería en su condición de samaritana y a la vez de ser una distinguida mujer por el tipo de vida que llega que se presta a murmuración. ¿Si esa es despreciable porque pedirle un favor?, nosotros en la piedad sabemos que un vaso de agua a nadie se le debe de negar.
Inevitable de no comer ni beber.
Dios ha hecho al hombre perfecto, pero para que se mantenga el hombre vivo tiene que consumir alimento y líquidos. A lo largo de la historia se conoce el sitio que se le impone a un pueblo cuando hay guerra, que para derrotarle o debilitarle no dejan que pase ni alimento ni agua hacía las ciudades, creándose una crisis enorme, tal acción casi tiene el triunfo en la mano del que ha puesto ese sitio.
Jesús tiene sed, quizá unos por el lado humano digan que tiene que guardarse la vergüenza y pedir, agua, pero san Mateo echaría abajo este argumento citando: “no solo de agua vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, sí hay sed, desde luego pero el objetivo de Jesús no es calmar su sed, es calmar la sed de esa mujer: Jn 4:10 Jesús le contestó: –Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. Cierto, el agua es vida, pero ahora resulta que Jesús tiene una agua mejor, la del pozo es buena, fresca, pero tiene un defecto, “sacia temporalmente, pero luego se vuelve a tener sed”, la samaritana es una mujer vivida, pero desconoce la acción de Dios, caminos y sobre todo: “la voluntad de Dios”.
La samaritana es inteligente, que más desearía ella no volver a ese pozo, ver y sentir esas miradas de desprecio, venir tan tarde para no toparse con otras mujeres, aguantar el calor para no oír murmuraciones, es una oferta irresistible: –Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva?; no es un judío convencional de esos machistas, puritano, se siente muy seguro, no le ve soga, ni balde para llenarlo y subirla para llenar el cántaro, por eso es tiempo de insistir: Jn 4:12 ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños?
Sería el colmo oír a esta mujer decir que es hija de Jacob, ¡una samaritana!, ni mucho menos que Jacob les diera ese pozo a los samaritanos, o quizá la samaritana ha oído por la tradición de tantos años y desde luego vivir tantos años aquí que se identifica como natural de Samaría e hija de Jacob y heredera del pozo, cierto que Abrahán sería una bendición para las naciones, ¿pero una samaritana?
Jesús no le deja de presionar su inteligencia de ella, la presiona a pensar, parece un juego de ajedrez donde las piezas se mueven según él jugador, ella turbada espera la respuesta de aquel hombre a quién no conoce: Jn 4:13 Le contestó Jesús: –El que bebe de esta agua vuelve a tener sed Jn 4:14 quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna.
Jesús le ha llevado al gran momento de casi desear ese tipo de agua, dar el todo por él todo, ha Esaú le costó según el Génesis la primogenitura, era tal el hambre que la vendió, no lo pudo evitar aquella mujer y de sus labios brotaron las palabras esperadas por Jesús: Jn 4:15 Le dice la mujer: –Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla.
Al fin su soberbia ha caído, los hijos de Dios reaccionan.
El objetivo se ha cumplido, la mujer esta dócil a Jesús y Jesús empieza el llamado a los hijos de Dios que ella engloba: Jn 4:16 Le dice: –Ve, llama a tu marido y vuelve acá. La mujer no tiene escapatoria, la pregunta parece fuera de contexto y no tiene salida, no se excusa: “está en el trabajo”, “está ocupado”, “anda fueras de la ciudad” etc. Y tiene que decir la verdad que elogia Jesús: Jn 4:17 Le contestó la mujer –No tengo marido. ¿Por qué pregunta eso Jesús?, es simple: Le dice Jesús: –Tienes razón al decir que no tienes marido Jn 4:18 porque has tenido cinco hombres, y el que tienes ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad.
En la teología son cinco ciudades de donde se repobló Samaría, los cinco maridos: 2Re17:24 El rey de Asiria trajo gente de Babilonia, Cutá, Avá, Jamat y Sefarvain y la estableció en las poblaciones de Samaría, para reemplazar a los israelitas. Ellos tomaron posesión de Samaría y se instalaron en sus poblados. A la vez estos cinco maridos representan los dioses que adoraban en estas ciudades: 2Ki 17:30 Los de Babilonia hicieron a Sucot–Benot; los de Cutá, a Nergal; los de Jamat, a Asima; 2Ki 17:31 los de Avá, a Nibjás y Tartac; los de Sefarvain sacrificaban a sus hijos en la hoguera en honor de sus dioses Adramélec y Anamélec. Jesús pone el dedo en la llaga, y le hace notar que el Dios que se adoraba en Israel tampoco es suyo ya que aunque se hicieron los intentos de enseñarles el Dios de Israel no lo aceptaron: 2Ki 17:28 Uno de los sacerdotes deportados de Samaría fue entonces a establecerse en Betel, y les enseñó cómo había que dar culto al Señor.
El llamado en esta cuaresma.
Jesús le hace el llamado a esta hija de Dios a que regrese a su Padre, ha andado de aquí para allá, con ideologías, cultos, ídolos, pasando de cama en cama, de brazos a brazos, de besos a besos, de moda en moda, ella dice que es hija de Jacob, pero un israelita tiene al Señor de Dios, una conducta totalmente distinta, los otros dioses simplemente la alejaron de esa gracia y la sumieron en la ignorancia, en la comodidad, en la subjetividad. Hoy Jesús le dice que es tiempo propicio para que conozca, que es necesario ser verdadera hija de Dios, no solo de palabra, hoy esa mujer no puede decir que no sabe lo que Jesús le propone: Jn 4:19 Le dice la mujer: –Señor, veo que eres profeta. Jn 4:20 Nuestros padres daban culto en este monte; ustedes en cambio dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto.
Hoy vemos en una gran cantidad de católicos y de cristianos decir que son hijos de Dios y seguir a Jesús, pero lejos están de comportarse como hijos de Dios y de seguir a Jesús, mucho menos de honrarlo con su testimonio; muchos aseveran ser hijos de Dios, pero no lo visitan, lo visitan cuando les nace, desprecian su mesa, su pan, desprecian sus sacerdotes, su catecismo, sus templos, su Iglesia, pero muy dignos quieren las herencia del cielo y la gloria de Dios sin luchar, aspiran a vida eterna habiendo derrochado el amor de Dios, sin esfuerzo.
Cuando con sinvergüenza preguntan: ¿cuándo te hemos despreciado?, ¿cuándo te hemos dicho que no eres nuestro Dios?, hay católicos que se excusan para no ir al banquete eucarístico, pero la novela, el futbol, el celular, el chat, la televisión les quita no una hora sino toda una vida y tristemente no pueden dar una sola hora y cuando se dignan en darla, quiere que sea rápido, quizá es fácil adaptar la misma respuesta de Jesús a aquellos que no son misericordiosos: “cuando pensaste que ir a misa era solo una bobería”, “cuando desprecias los sacramentos”, “cuando has aceptado abortos”, “doctrinas falsas”, “cuando tienes prioridades sobre mí”, “cuando tienes ídolos sobre mí”, cuando te has apostatado en la fe, cuando te excusas e inventas miles de cosas para no hacerte responsable de la fe, cuando no eres testigo ni discípulo mío etc.
Conclusiones:
-Hoy ser hijos de Dios no se muestra con palabras sino con hechos y las palabras que usamos son las que nos dan el verdadero valor de hijos de Dios, la samaritana ésta teniendo un encuentro con Jesús, además que está mujer nos representa muchos que pensamos en dios pero no sabemos cómo llegar a Dios, sin embargo hay principios fundamentales, básicos en el comportamiento de un católico:
-Ser hijo de Dios es aquel que cree en Jesús como el Señor, como el Dios, como el salvador, para el católico lo es todo.
-Ser hijo de Dios es el que tiene filiación con su Iglesia, sacramentos.
-Ser hijos de Dios, son aquellos que aman, que viven según el plan de amor.
-Ser hijos de Dios son aquellos que en sus actos muestran a Jesús.
-Ser hijos de Dios son aquellos que luchan contra el pecado porque ya fueron liberados.
-Ser hijos de Dios son aquellos que aceptan la salvación y la hacen madurar.
-Ser hijos de dios son aquellos que van al banquete celestial.
-Ser hijos de dios aquellos que bautizados honran a Dios.
-Ser hijos de Dios son aquellos que hacen felices a sus hermanos.
-Ser hijos de Dios son aquellos que obran movidos por el Espíritu santo.
-Ser hijos de Dios son aquellos que evitan la violencia.
-Ser hijo de Dios es el que renuncia a Satanás y a sus obras.
Etc.
¡Bienvenidos los hijos de Dios que escuchan el llamado de Jesús de regresar al Padre!, el rescate de Jesús es una promesa a los hijos de Dios y a otras ovejas que no son del redil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario