viernes, 10 de marzo de 2017

Creo profundamente en el Amor

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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Creo profundamente en el Amor. Creo con firmeza. Creo en ese Amor despojado de toda lógica humana. Creo en el Amor que todo lo perdona. Creo en el Amor que no se impone nunca. Creo en ese Amor sublime que Dios siente hacia el hombre. Es un Amor nada jactancioso, que no se envanece; que no es indecoroso, que no se irrita, que no guarda rencor; que no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Un Amor bondadoso, generoso y misericordioso.
Creo en ese Amor porque lo he sentido y lo siento en mi vida. Lo experimento cuando las cosas me van bien pero también cuando debo soportar los embates de la vida: los azotes de los problemas de todo tipo, la incomprensión de tantos, los sinsabores cotidianos, la soledad no buscada, la lejanía de personas queridas… todo ese conjunto de inconvenientes indeseados que se acumulan a mi alrededor generando en mi corazón un dolor que exprime el alma. Pero el Amor de Cristo sana hasta extremos insospechados. Él se entregó amando hasta el límite con sus palabras, su mirada, con sus manos, con sus gestos, con sus actitudes. Con su muerte en Cruz.
Cuando conoces a Jesús descubres de inmediato esa sublime grandeza que nos obsequia con sus suaves caricias y cuando su mirada profunda, sanadora y amorosa se cruza con la nuestra sientes que has de verter sobre el pasado un velo de olvido y proseguir el camino con la alegre sensación de que Él todo lo renueva.
Cuando te reconcilias con tu pasado, con el dolor que te embarga, dejas de lado los lamentos y la queja y acoges en el corazón el sublime perdón que llega de Cristo. Lo untas con el perfume del amor, con el ungüento de la gracia y la textura de la ternura. Entonces el corazón deja de entonar melodías llenas de tristeza para entonar cantos de perdón pero también de alabanza.
Con cada una de sus tiernas y delicadas caricias Jesús escribe en cada uno un nuevo comienzo, un nuevo capítulo de nuestra vida, un testimonio del auténtico, verdadero y único Amor que Dios siente por cada persona, obrando el gran y sublime milagro de la transformación. En cada uno de estos instantes se escenifica en escenarios diferentes la escena de la parábola del hijo pródigo. Así es el Amor de Dios, y por eso creo firmemente en Él. Pero también contemplo en las manos heridas de Jesús mi realidad, observo esa marca de dolor que Cristo carga por mi y comprendo que su amistad conmigo es también fruto de un amor desprendido y fiel. ¡Quién ante esto no puede dejarse amar y creer en el Amor que todo lo puede!



¡Creo en Ti, que lo eres todo y lo puedes todo! ¡Te doy gracias por tu compañía, por tus enseñanzas, por tu misericordia, por tu fuerza, por tu consuelo! ¡Creo en Ti que eres la Palabra auténtica y la Vida! ¡Creo en Ti, que nos amas a todos con nuestros pecados y nuestras caídas!¡Creo en Ti, Señor, y se ciencia cierta que tú eres el amor que nos acompaña siempre, la misericordia que nunca abandona, el Padre que sostiene nuestra vida y manifiesta su predilección por nosotros cuando tantas veces te abandonamos! ¡Creo firmemente en Ti, Señor, que eres la verdad de la vida y de las cosas! ¡Creo en Ti, Señor, que eres mi vida y das sentido a mi vida para que estés siempre llena de esperanza! ¡Creo en Ti, Señor, Y te doy gracias por la fe que me has dado y que refuerza cada día tu espíritu! ¡Creo en Ti, Señor, Y esta confianza que tengo en ti me hace caminar seguro, con esa seguridad del que tiene a Dios de su lado! ¡Creo en Ti, Señor, y a través de ti en la Trinidad santísima porque los tres habitáis en mi alma por la gracia! ¡Creo en Ti, Señor, por todo lo que obras en mí, por cómo me rescatas cada día, porque tú eres esa fortaleza que me da la fuerza para caminar, tú eres la palabra que me levanta, tú eres la promesa que me despierta! ¡Creo en Ti, Señor, pero aumenta cada día la debilidad de mi fe!

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