domingo, 12 de marzo de 2017

BREVE RESEÑA DE LA HISTORIA DEL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO. (las palabras en negrita son nuestras)

San Lucas Evangelista, el pintor de la Virgen María.
San Lucas Evangelista, el pintor de la Virgen María.
BREVE RESEÑA DE LA HISTORIA DEL ICONO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO. (las palabras en negrita son nuestras)
Introducción
El icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro figura entre las representaciones más populares de María. Quizá el mundo occidental está acostumbrado a verlo en muchas imágenes pero que sólo es apreciada devocionalmente. Sin embargo el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, como todo verdadero icono apreciado, debe ser leído y estimado como una imagen de culto, ya que pertenece propiamente a la liturgia, “porque no es simplemente una imagen de tema religioso. Es una imagen sobremanera sacra, cuyo lugar propio es el culto. A semejanza de la Palabra, forma parte integrante de la liturgia. Por eso luego que el artista termina de pintar su icono, un sacerdote debe consagrarlo. Este rito realiza una verdadera “desprofanización”: la Iglesia lo retira del plano puramente artístico y lo ubica en el mundo de los “sacramentales”, lo carga con una misión cultual”.
Si bien la imagen sacra, en este caso de la Virgen, es de un valor estético, primero está antes su valor teológico y por último apreciamos su técnica. Dicho de otra manera: el icono no es, ni esteticismo puro, ni sólo desarrollo de técnica, sino que el icono es sobre todo el arte de representar de una manera elevadísima a través de los símbolos, la técnica, el dibujo, los colores, los misterios de las realidades divinas, como son las verdades de nuestra fe.
Para ver un icono ante todo debemos aprender, necesitamos de una cierta iniciación. El icono es como un libro abierto en el cual leemos, no  a través de letra sino de sus símbolos, sus colores, sus proporciones, sus líneas… Todo nos habla. Y entre ellos, “será difícil encontrar una imagen que nos diga tanto sobre la Madre de Dios como el icono de la Virgen de la Pasión. De este modo, nuestro icono puede convertirse también en un libro de oración cristiana y en un espacio de contemplación que nos sitúa ante el misterio de la Redención[1].

El icono, todo verdadero icono tiene la virtud que de una sola mirada nos muestra todo el contenido, es como el cielo que se abre, es una ventana a los misterios divinos. En un icono no hay un discurso, como en una pieza de oratoria, etc., sino que de un solo vistazo podemos ver todo, pero para eso debemos ir aprendiendo a leerlopara que incluso nos haga rezar.
En el maravilloso librito del P. Jesús Castellano Oración ante los iconos, leemos: “La Virgen María por su unión con Cristo es también imagen, epifanía de Dios, y por eso se la representa  en los iconos, especialmente junto a Cristo su Hijo y participando de sus misterios. Entre todos los santos, la Virgen es la que mejor refleja esta imagen del Primogénito. Según la teología rusa, si el hombre es semejante a Dios y los santos son muy semejantes a Cristo, la Virgen es la más semejante, la imagen que mejor refleja en sus rasgos interiores la figura de Cristo. En María, solía decir el Patriarca Atenágoras, convergen la sabiduría y la belleza humana y divina.
Los santos son también iconos de Cristopor esa semejanza interior que se realiza en la santidad. Así se expresa la tradición, por ejemplo, a propósito de san Francisco, al que se le llama el “semejante a Cristo” o la perfecta “imagen de Cristo”. Como rasgos esenciales complementarios, podemos decir que la Iglesia tiene su imagen definitiva en la Trinidad, o que la Trinidad es el icono de la Iglesia. Y también podemos afirmar que María es icono, imagen, tipo y modelo de la Iglesia; especialmente, como han dicho algunos autores, la Virgen, desde su Asunción a los cielos, es el “icono escatológico de la Iglesia”, la imagen más pura en la que contemplamos todo lo que la Iglesia desea alcanzar”[2].
Virgen de la Ternura, Eleusa.
Virgen de la Ternura, Eleusa.
Bellamente dice Oupensky [3]: “Si el icono de Cristo –fundamento de la iconografía cristiana- reproduce los rasgos de Dios hecho hombre, el icono de la Madre de Dios representa el primer ser humano que hizo realidad el objetivo de la Encarnación: la deificación del hombre. (…) su dignidad excepcional de Madre de Dios, su perfección personal y el máximo grado de santidad que adquirió explican esta excepcional veneración: la Virgen es el primer miembro del género humano que ha alcanzado, por la transfiguración plena de su ser, la meta asignada a todas las criaturas. Ella ya ha cruzado el límite entre el tiempo y la eternidad, ya se encuentra en el Reino cuya llegada espera la Iglesia con la segunda venida de Cristo”.
La Virgen, que “portó en su seno al Dios que no se puede portar”, “verdadera Madre de Dios” (theotokos) –según la proclamación solemne del III Concilio ecuménico (Éfeso 431)-, preside con Cristo el destino del mundo. Por tanto, su imagen ocupa el primer lugar después de la de Cristo y la completa.
Virgen Odighitria, La que muestra el Camino.
Virgen Hodigitria, La que indica el Camino.
Según la tradición, los primeros iconos de la Virgen se atribuyen al evangelista san Lucas, quien habría pintado tres imágenes poco después de Pentecostés. 1) Uno pertenece al tipo denominado en ruso Umilene (Eleusa), y que en español se denomina,… “Virgen de la Ternura”. Representa una caricia mutua entre Madre e Hijo, destacando un sentimiento natural humano, la ternura y el amor maternales. Se trata de la imagen de una madre que sufre profundamente por el suplicio que le espera a su Hijo y que aguarda conscientemente y en silencio sus inevitables sufrimientos. 2) La segunda imagen es la que corresponde al tipo denominado Hodigitria (Odegetria), es decir, “la que indica el camino”. En este caso, la Virgen y Jesús niño se representan de frente, vueltos hacia el espectador. Esta imagen hierática y majestuosa enfatiza la divinidad del Niño. 3) En cuanto al tercer icono, éste representa a la Virgen sin su Hijo. La información sobre este icono resulta confusa y posiblemente se asimilaría al de la Virgen de la déesis, es decir, en oración, dirigiéndose a Cristo. (…) Pero los iconos que se ha convenido en llamar “de san Lucas” se sitúan en una tradición a la que el apóstol proporcionó los prototipos y fueron pintados según reproducciones de los originales de San Lucas.
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Ruvlev, a la izquierda, Virgen de la deesis, S. Juan Bautista también intercesor a la derecha.
(…) La tradición referente a san Lucas nos ha sido transmitida, entre otras vías, a través de los textos litúrgicos, sobre todo los de las festividades consagradas a los iconos de la Virgen, como el de Nuestra Señora de Vladimir, del tipo Umilene. En las litiá (oraciones de súplica durante las vísperas de las festividades) de las vísperas se canta una estijira que dice: “Cuando el anunciador de los misterios evangélicos pintó tu icono por primera vez, y éste fue llevado a tu presencia para que lo reconocieras y confirieras el poder de salvar a los que te veneran, tú te llenaste de gozo: tú, que eres misericordiosa, hacedora de nuestra salvación, tú fuiste boca y voz del icono’. Y al igual que al concebir a Dios cantaste el himno: ‘Y todas las generaciones me llamarán bienaventurada’, al mirar el icono dijiste con autoridad: ‘Mi gracia y mi fuerza están con esta imagen’. Y nosotros creemos firmemente que lo has dicho, Soberana nuestra, y que estás con nosotros en esta imagen”.
Y en el primer canto de alabanza a la Virgen, -“el matutino”- dice: “Al pintar tu imagen venerabilísima, el divino Lucas, que escribió el evangelio de Cristo, inspirado por la voz divina, representó al Creador de todas las cosas en tus brazos”.
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Detalle de la Deesis de la Virgen que se encuentra en el templo de Santa Sofía, (Estambul), primera mitad del siglo VI, obra maestra del arte bizantino.
Si este segundo texto se limita a constatar que el primer icono de la Virgen fue realizado por san Lucas, el primero afirma además que la misma Virgen aprobó su imagen y le confirió su fuerza y su gracia. Aunque la Iglesia emplea este texto para las fiestas de los distintos iconos de la Virgen, todos se remontan a los prototipos que en su día realizó san Lucas. La Iglesia subraya así que esta fuerza y esta gracia se transmiten a toda imagen que reproduzca –con los símbolos que les son propios- los rasgos auténticos de la Madre de Dios fijados por san Lucas.
El testimonio más antiguo sobre un icono pintado por san Lucas se remonta al siglo VI. Se atribuye a Teodoro, llamado “el Lector”, historiador bizantino que escribe hacia el 530 y que era lector de la catedral de Santa Sofía de Constantinopla. Este autor habla del envío a Constantinopla en el año 450 de un icono de la Virgen del tipo Hodigitria atribuido a san Lucas. Éste fue enviado por la emperatriz Eudoxia, esposa del emperador Teodosio II, a su hermana Pulqueria desde Jerusalén. San Andrés de Creta y san Germán de Constantinopla (715-730) también hacen referencia a un icono de la Virgen pintado por san Lucas que se encontraría en Roma. San Germán añade que la imagen se pintó en vida de la Madre de Dios y fue enviada a Teófilo a Roma (se trata de Teófilo “el ilustre”, del que hablan los prólogos al evangelio de Lucas y los Hechos de los apóstoles)…
Madre de Dios de Kazán.
Madre de Dios de Kazán.
En todo caso, desde que el cristianismo se convierte en religión de Estado en el siglo IV, y no hay por tanto ningún peligro en exhibir cosas sagradas, un número cada vez mayor de cristianos conoce el icono de Teófilo, que hasta este momento se encontraba en Roma en la clandestinidad. El icono mismo –o su reproducción- habría sido trasladado de una casa particular a una iglesia. En el año 590, el papa san Gregorio I (590-604) trasladará a la basílica de San Pedro-en procesión solemne y con canto de letanías- el venerable icono de la Madre de Dios “que dicen es obra de san Lucas” (quam dicunt a sancto Luca factam).
Además de las imágenes pintadas por san Lucas, la tradición habla de un icono de la Virgern realizado de modo milagroso y “no por mano de hombre”. Se trata de la denominada imagen de Nuestra Señora de Lidda (fiesta: el 12 de marzo). El carácter milagroso de su origen fue sin duda la razón que hizo ver en este icono una especie de imagen análoga a la de Cristo (Acheiropoietos) e incluir el relato de su aparición en la liturgia de diversos iconos marianos, en particular en la del icono de la Virgen de Kazán (celebrada el 8 de julio y el 22 de octubre)”.
A continuación presentamos lo que el maestro Egon Sendler desarrolla en su libro, (obra fundamental para los iconógrafos), presentándonos las distintas variantes de la Odighitria que según un tradición muy antigua pintó San Lucas.
“En la iconografía de la Madre de Dios, la imagen de la Odighitria (la Conductora) ocupa un puesto privilegiado. Esta representación de María, común al Oriente y al Occidente y al alto Medioevo europeo, ha compendiado todas las relaciones artísticas que unen estas dos partes del mundo cristiano. Además ha sido, y continua siendo, la imagen preferida del mundo occidental, aunque su aspecto y su expresión han sido modificados en sus particulares, tomando algunos trazos característicos de los países en que es venerada. Su origen es sin embargo específicamente oriental.
  1. Sus orígenes
“La Odighitria aparece en Constantinopla, en la época de Justiniano, en el umbral del arte bizantino. (…) el icono proviene de Oriente, probablemente de Siria. (…) La tradición afirma también que el icono ha sido pintado por el evangelista San Lucas que había recibido la bendición de la misma Madre de Dios, que le habría dicho: “Mi gracia estará siempre con este icono”. Existen otras tradiciones que, desafortunadamente se contradicen desde el inicio. De allí que no es muy preciso el valor histórico de su tradición. Sin embargo es necesario reconocer que existe un elemento en común: todas ponen su origen en Oriente.
Las variantes de la “Odiguitria”
Después la imagen original, que se conservaba en el monasterio de Kora, cayó en mano de los turcos, penetraron en el monasterio y que uno de ellos se apoderó del icono y con la espada lo cortó en cuatro partes que distribuyó a sus compañeros. Le arrancaron el oro y las piedras preciosas y lo arrastraron por las calles con sus caballos, pisoteándolo con sus pies y ensuciándolo de inmundicias. Por supuesto, existen muchas leyendas pero lo que se sabe es que este icono era uno de los más venerados en los países ortodoxos.
Después de su desaparición aparecen diversas imágenes de la Odiguitria que nos dan una idea como era su aspecto. Así por ejemplo, examinando las medallas de los diversos siglos, todas las representaciones tienen en común los mismos detalles que caracterizan este tipo de imágenes de la Madre de Dios: la Virgen tiene al Niño sobre uno de sus brazos… El Niño toma con la mano izquierda un rótulo, mientras que con la mano derecha hace un gesto de bendición. La Virgen tiende su mano libre hacia el Niño, en un gesto que muestra y recibe.
Entre las más antiguas imágenes se encuentran un icono del museo de Kiev, del monte Sinaí; la Odiguitria hecha en marfil, de los siglos XI-XII, actualmente en el Museo episcopal de Ultrecht; el fresco de la Odiguitria de Santa María Antigua, en Roma; las imágenes de las estampas de sello; Salus populi romani, icono de los siglos VI y VII, en Santa María Mayor, Roma; la Madre de Dios de Liddala Virgen del Signo, de la escuela de Novgorod, s. XII, Moscú; la Odiguitria de Torcello, mosaico del 1200 aproximadamente, Catedral de Torcello.
A partir del siglo XIII la Odiguitria encuentra su forma definitiva, es decir, en busto, que se difundirá primero en todo el Oriente cristiano. Las réplicas son de tal manera numerosas que cada región posee su propio icono milagroso venerados por las multitudes fervientes que imploran delante de él cumplimiento de sus oraciones. Estas Odiguitrias toman entonces el nombre de la ciudad donde han aparecido y se convierten en un nuevo tipo, que a su vez se difundirá. Todas ellas, aún con sus particularidades propias de cada imagen, conservan sin embargo los trazos fieles de la Odiguitria original.
Todas estas diversificaciones de los iconos derivados de la Odiguitria continúa incluso después del siglo XV, incluso dándoles un sentido teológico nuevo. La Virgen de la Pasión es un ejemplo de esto. A partir de ahora estos iconos no pueden ser más atribuidos a un tipo canónico preciso y entonces ellos aparecen como una nueva creación, reflejo de un advenimiento o de una experiencia espiritual reciente, por ejemplo, una aparición o un milagro. El historiador de arte, gracias a estas clasificaciones, puede seguir mejor la evolución de los diversos tipos, que tiene igualmente un significado para la historia de la espiritualidad. Un buen número de esas imágenes milagrosas son atribuidas a san Lucas.
Y entonces, entre todos los iconos milagrosos, solamente examinaremos los más célebres y más populares, en Grecia y en Rusia: la Madre de Dios de Iviron (Portaitisa), la Madre de Dios de Smolensk, la Madre de Dios de Tichvin, la Madre de Dios de Kazan, la Madre de Dios de Jerusalén; la Madre de Dios de Peribleptos, la Madre de Dios Trijerousa (de las tres manos), la Madre de Dios de Vatopedila Madre de Dios Psycosostria, la Madre de Dios de Konev, la Madre de Dios de la Pasión [que se particularizará luego en Creta y Occidente en la Madre de Dios del Perpetuo Socorro] y la Madre de Dios de Czestochowa.
Algunos valores espirituales de éste icono: todos los ejemplos citados son representativos de numerosas copias y variantes de la Odiguitria, existentes tanto en Oriente como en Occidente. Entre todos los elementos característicos, podemos destacar: la mirada de la Madre y del Niño se dirige hacia el espectador. La Odigyitria se distingue de los otros tipos por su mirada. La mano derecha de la Madre de Dios está puesta sobre el pecho, extendida hacia el Niño. Así el tipo de la Odiguitria, por sus formas, sus colores y gestos, encarna una de las verdades fundamentales de la fe cristiana: Aquella que ha dado a luz al Cristo-Emmanuel se ha convertido en la guía para cuantos buscan el camino que conduce hacia él. Y de Él reciben la Verdad y la Vida.



[1] FABRICIO FERRERO, Santa María del Perpetuo Socorro, Un icono de la Santa Madre de Dios, Virgen de la Pasión, Ed. Covarrubias, Madrid, 1994.
[2] J. CASTELLANO, Oración ante los iconos. Los misterios de Cristo


[3] LEONID USPENSKY, Teología del icono, Ed. Sígueme, Salamanca 2013, 62.

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