miércoles, 29 de marzo de 2017

Bienaventurados los que padecen persecución

“Bienaventurados (felices) los que padecen persecución por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5:10)
La justicia aludida en esta bienaventuranza y que es causa de persecución, no es la institucional y jurídica, administrada por expertos en esta materia, sino la justicia personal administrada por la conciencia individual;
una justicia que es distintiva del cristiano que habiendo reconocido su naturaleza pecadora, ha depositado su fe en Cristo y su obra redentora y regeneradora, y que a consecuencia de esa fe es declarado justo por Dios, como está escrito en la Biblia:
“Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios” (Romanos 5:1).
No se trata de un simple indulto administrativo sino porque Cristo,
el Justo, pagó por nosotros, los injustos. (1ª Pedro 3:18).
Perseguidos por causa de esta justicia: ¿por qué?.
En este mismo contexto bíblico Jesús dice:
“vosotros sois la luz del mundo” y en Juan 3:18 dice también
“la luz vino al mundo mas los hombres amaron más las tinieblas porque
sus obras eran malas”.

El cristiano que vive como tal, constituye la mayor amenaza para la “moral” de este mundo, porque desenmascara todas sus inmundicias, por lo tanto debe ser eliminado o neutralizado a través de algún tipo de persecución, física o psicológica, esto es, quemado en la hoguera, ridiculizado u otras técnicas.
Esto viene sucediendo ininterrumpidamente a lo largo de los 20 siglos de
cristianismo pero sin menguar su capacidad lumínica ni opacar el gozo
que experimenta el creyente en Cristo por sentirse instrumento de Dios
para que otros encuentren en la noche oscura de este mundo, el camino
a la verdadera Justicia, Cristo, el que nos hace justos ante Dios y nos da
la ciudadanía del Reino de los Cielos.
“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la Justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:3)
“Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón
es grande en los cielos”.
Epilogo:
“Bienaventurados (felices) cuando por mi causa os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande en los cielos…” (Mateo 5: 11-12)
En estos dos versículos finales sobre las bienaventuranzas, se nos considera felices y dichosos, y animados a gozarnos y alegrarnos a causa del sufrimiento que inevitablemente, en alguna medida nos puede sobrevenir por honor a Cristo.
Estos sufrimientos que pueden acosarnos, tienen tal variedad de características, como la capacidad de nuestra mente a imaginárselos,
y siempre será una consecuencia de nuestra identificación con Cristo
y su obra redentora. Indudablemente esto suena como una gran paradoja, alegrarnos por sufrir, aunque sea por Cristo, pero ciertamente no lo es:
el apóstol Pedro, a este respecto exclama:
“si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados”
(1ª Pedro 4:14).
El apóstol Pablo escribiéndole a Timoteo, le dice:
“si sufrimos también reinaremos con él” (2ª Timoteo 2:12).
Un largo listado de mártires de la fe, lo creyeron y lo consideraron
un alto honor sufrir por causa de quien padeció los más atroces sufrimientos por causa de ellos.
Pero aquí cabe una reflexión ineludible; en este mundo, el sufrimiento es en la vida
del hombre una experiencia inevitable, pero podemos en buena medida elegir las causas.
Podemos elegir sufrir por hacer el bien.
Podemos elegir sufrir por hacer el mal.
Podemos elegir sufrir por motivos santos.
Podemos elegir sufrir por motivos impíos.
Podemos elegir sufrir por causa de Cristo.
O tenemos que sufrir por haber elegido a Satanás.
Elegir por Cristo reportará dolor temporal pero paz en el corazón aquí y dicha eterna en los cielos.
No elegir por Cristo equivale a hacerlo por Satanás y esto reportará algún tipo de satisfacción momentánea pero consecuencias dramáticas aquí,
ahora bástenos visitar hospitales, cárceles, reformatorios, cementerios, hogares destruidos, o la intimidad de nuestro ser), y condenación de nuestra alma por la eternidad.
Una simple reflexión concienzuda no nos dejará dudas sobre la elección que nos conviene.
Si Ud. está obnubilado por los placeres que el mundo engañosamente
le ofrece, hoy todavía está a tiempo para cambiar su destino, reconociendo a Cristo como su único y suficiente Salvador y ponerse del lado de los que viven la dicha de sufrir por Cristo.
“Pues considero que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que ha de manifestarse con nosotros”. (Romanos 8:18)
Con esta última bienaventuranza terminamos esta hermosa serie de bendiciones que podemos recibir;
es como una caja de bellas flores que Dios en su misericordia nos
ofrece, para que vivamos una vida verdaderamente “dichosa.”
“Casi todas las alhajas de Dios;
son lágrimas cristalizadas.”
Gentileza de :Enos Serra

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