jueves, 30 de marzo de 2017

Aceites milagrosos que siguen curando



Philip Kosloski | Mar 29, 2017


Como en los ejemplos del Evangelio, Dios sigue usando cosas materiales para cumplir su plan

Durante su ministerio público, Jesús se tomaba muchas molestias para usar elementos materiales para sanar a alguien.

Por ejemplo, como en una de las lecturas recientes del Evangelio, donde un hombre ciego de nacimiento se acerca a Jesús y Él “escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego” (Juan 9:6). Después de lavarse en la piscina de Siloé, el ciego es sanado milagrosamente y recupera la vista.

A Jesús no le hacía falta usar cosas físicas (barro, saliva, agua) para curar al ciego, pero lo hizo así. Y Jesús sigue haciendo curaciones similares hoy día a través de la intercesión de los santos y los sacramentales de la Iglesia. Uno de esos sacramentales que ha ocasionado muchas curaciones milagrosas durante los siglos ha sido el aceite recogido de la tumba de algunos santos.

 Este aceite, considerado milagroso, se distribuye a los fieles, también por su vinculación con un santo o santa particular. Sin embargo, al igual que con la curación del ciego de nacimiento, una persona debe tener normalmente la fe de un niño y confiar por completo en la providencia de Dios para que pueda suceder algún milagro.

El aceite no es ningún “dispensador de milagros”, sino un elemento material que Dios puede usar como instrumento para llegar a los corazones de sus hijos. Cualquier cura que suceda ya estaba dentro de sus planes y se produce por el beneficio espiritual de esa persona.

Hay numerosos santos que tienen un aceite que exuda de sus tumbas. Uno de los más famosos es santa Walburga.


Según informan desde la abadía donde ahora reposa, “durante mil años se ha ido recogiendo cada año una humedad misteriosa de las reliquias de santa Walburga. Esta agua llegó a conocerse como ‘Aceite de Walburga’ y se consideró una señal de su continua intercesión. El aceite siempre se ha recogido y entregado a los peregrinos. Hasta el día de hoy se siguen registrando curaciones atribuidas a la intercesión de santa Walburga”.

Otro ejemplo famoso es el de san Nicolás (Santa Claus), cuyas reliquias se encuentran en Bari, Italia. Hay un aceite que gotea de su tumba y que se recoge todos los años el 9 de mayo y se reparte a los fieles. A veces se le llama “maná” y durante “cientos de años, el maná se ha recogido, mezclado con agua bendita y embotellado en pequeñas ampollas de cristal decoradas con iconos del santo”.

La de san Charbel en Líbano es un ejemplo más reciente de una tumba de donde exuda un aceite y donde siguen atribuyéndose milagros a la intercesión del santo.

Según se recoge en una noticia de The Norman Transcript, “una mujer de Norman [Oklahoma] dice haber sido sanada por el aceite de san Charbel después de que unas magulladuras aparecieran en su cuerpo (…) y  los médicos no lograran descubrir la causa de esas magulladuras. Cuando la mujer aplicó sobre ellas el aceite y se duchó, las magulladuras desaparecieron. Dice que fue un milagro”.

Estos tres santos no son los únicos, ni mucho menos, porque hay una lista entera de santos asociados a un aceite milagroso.

A fin de cuentas, a veces Dios usa elementos materiales, como el aceite de las tumbas de los santos, para generar una curación o una conversión. Es algo que Dios siempre ha hecho a lo largo de toda la historia de la salvación y es probable que siga haciéndolo siempre. ¿Por qué? Solo Dios lo sabe.

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