jueves, 23 de febrero de 2017

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Obispo Robert Barron

Amigos, en nuestro Evangelio, Jesús habla, con una increíble brusquedad, sobre cortar la mano de uno a pie y el desplume de la propia ojo. Si estas cosas son un bloque para su salvación, deshacerse de ellos, porque es mejor entrar en la vida mutilado que para entrar en la Gehena con todas sus extremidades y miembros.
La mano es el órgano mediante el cual alcanzar y agarrar cosas. El alma está destinada a la unión con Dios, pero hemos, en cambio, puesto en contacto con las criaturas, todas nuestras energías, agarrando las cosas finitas.
El Señor también habla del pie. El pie es el órgano mediante el cual nos fijamos en una trayectoria definida. Estamos hechos para caminar por el camino que es Cristo. ¿Verdad? ¿O hemos establecido por cien caminos errantes, lo que lleva a la gloria, el honor, el poder o placer?
Estamos diseñados para buscar y buscar a Dios. Tenemos que pasamos gran parte de nuestras vidas que miran en todos los lugares equivocados, engañados por las bellezas y las tentaciones de este mundo? Y estamos dispuestos a arrancar nuestro ojo espiritual, a abandonar muchas de las preocupaciones que nos han dado placer?

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