lunes, 13 de febrero de 2017

“Hoy insultar es como decir buenos días”


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David Chiang  VATICAN INSIDER  12 FEBRERO, 2017   GUARDAR EN MI LISTA DE LECTURA

«Nosotros estamos acostumbrados a insultar, como decir “Buenos días”, pero eso va por la misma línea de matar —advirtió el Papa. Quien insulta al hermano es como si empezara a matarlo en el corazón». Durante el Ángelus, Papa Francisco explicó el mandamiento «No matarás». Y comentó: «Jesús afirma que es violado no solo con el homicidio efectivo, sino también con esos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas». Claro, «estas palabras no tienen la misma gravedad y culpabilidad del homicidio, pero se sitúan en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia». De hecho, «Jesús nos invita a no establecer una clasificación de todas las ofensas, sino a considerarlas dañinas todas, en cuanto movidas por la intención de hacer el mal al prójimo». Y, «por favor, no insultemos nunca», aconsejó Francisco. Fueron reflexiones que pronunció con un todo de pastor que escucha y dialoga con su rebaño. 


«La desconfianza y la sospecha recíproca siempre amenazan la serenidad», y es por ello que no hay que «instrumentalizar la autoridad de Dios para dar garantías a nuestras cosas humanas». El Papa exhortó a los fieles a «ser cristianos no de fachada, ¡sino de sustancia!» y pidió un «clima de limpidez y de confianza recíproca en nuestras familias y en nuestras comunidades». La liturgia de hoy, recordó Francisco, «nos presenta otra página del Discurso de la Montaña que encontramos en el Evangelio de Mateo». En este pasaje, «Jesús quiere ayudar a quienes lo escuchan a realizar una relectura de la ley mosaica», porque «lo que había sido dicho en la Antigua Alianza no era todo: el Señor vino al mundo para dar cumplimento y promulgar, de modo definitivo, la ley de Dios. Él manifiesta sus finalidades originarias y cumple los aspectos auténticos, y hace todo esto mediante su predicación y más aún con la ofrenda de sí mismo en la Cruz. De esta manera Jesús enseña cómo cumplir plenamente la voluntad de Dios, con una “justicia superior” frente a la de los escribas y fariseos. Una justicia animada por el amor, por la caridad, por la misericordia, y, por lo tanto, capaz de realizar la sustancia de los mandamientos, evitando el peligro del fundamentalismo». En particular, «en los Evangelios de hoy, Jesús examina tres aspectos: el homicidio, el adulterio y el juramento».  

En relación con el mandamiento «No matarás», recordó el Pontífice, Jesús «afirma que es violado no solo con el homicidio efectivo, sino también con esos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas». Claro, «estas palabras no tienen la misma gravedad y culpabilidad del homicidio, pero se sitúan en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia». De hecho, «Jesús nos invita a no establecer una clasificación de todas las ofensas, sino a considerarlas dañinas todas, en cuanto movidas por la intención de hacer el mal al prójimo». Jorge Mario Bergoglio prosiguió: otro cumplimiento es aportado a la ley matrimonial: el adulterio era considerado una violación del derecho de propiedad del hombre sobre la mujer. Jesús, por el contrario, va a la raíz del mal». Según el Papa, «así como se llega al homicidio a través de las injurias y las ofensas, también se llega al adulterio a través de las intenciones de posesión de una mujer diferente de la propia mujer: el adulterio, como el hurto, a corrupción y todos los demás pecados, son concebidos antes en lo íntimo y, una vez cumplida en el corazón la decisión errónea, se realizan en el comportamiento concreto». 

Jesús, continuó el Papa, «dice a sus discípulos que no juren» puesto que el «juramento es signo e la inseguridad y de la doble cara con la que se desarrollan las relaciones humanas». Por el contrario, «estamos llamados a instaurar entre nosotros, en nuestras familias y en nuestras comunidades, un clima de limpidez y de confianza recíproca, para que podamos ser considerados sinceros sin recurrir a intervenciones superiores para que nos crean». El Pontífice añadió: «Que la Virgen María, mujer de escucha dócil y de obediencia alegre, nos ayude a acercarnos cada vez más al Evangelio, para ser cristianos no de “fachada”, ¡sino de sustancia!. Y esto es posible con la gracia del Espíritu Santo, que nos permite hacer todo con amor y cumplir plenamente la voluntad de Dios».  

Después del Ángelus el Papa saludó a los peregrinos que estaban presentes en la Plaza San Pedro y, antes de despedirse como acostumbra, les volvió a aconsejar no insultar y no jurar. 

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