viernes, 24 de febrero de 2017

Dar gloria a Dios con la propia vida

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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

23 FEBRERO, 2017 / RMMC
Cada vez que conservo la paciencia con alguien por amor a Dios; cada vez que, postrado en el banco de la iglesia o en un rincón del salón para hacer oración y beneficiarme de la ternura de Dios; cada vez que, con amor, santifico mi trabajo cotidiano; cada vez que tengo una palabra amable con alguien; cada vez que practico cualquier buena acción siguiendo el consejo de quienes procuran mi salvación; cada vez que cumplo con una norma de obediencia; cada vez que en mi camino se hace presente el afecto o el cariño de alguien o a alguien; cada vez que me marginan o me desprecian; cada vez que perdono; cada vez que doy gracias por mi sufrimiento o mi enfermedad; cada vez que mi corazón se alegra; cada vez que mis sueños se quedan pequeños por lo que siento o tengo; cada vez que tengo que callarme porque me he equivocado o no quieren escucharme; cada vez que ejerzo mi libertad; cada vez que disfruto de los pequeños detalles de la vida; cada vez que doy como limosna lo que a mi me falta; cada vez que doy gracias en la oración; cada vez que no abuso de lo que recibo o lo empleo sólo para el bien común y para que se cumpla la voluntad de Dios; cada vez que aprendo a estar satisfecho de cualquier situación por muy dura que esta sea; cada vez que no me preocupo de mi presente ni de mi futuro porque Dios proveerá aunque aplique el dicho a Dios rogando y con el mazo dando; cada vez que confío en la fuerza de Dios en lugar de mis propias fuerzas; cada vez que sirvo desinteresadamente a los demás; cada vez que demuestro mansedumbre, benignidad, bondad, paz, paciencia, fidelidad, gozo, amor en mi vida; cada vez que asumo mi fragilidad y mi pequeñez y lo pongo en las manos de Dios; cada vez que entrego mi corazón a Cristo y soy consciente de que mi condición de pecador y de que solo no puedo alcanzar la vida eterna; cada vez que… estoy elevando a Dios una incesante oración; estoy dando gloria a Dios con mi propia vida. ¿Qué más puedo hacer para seguir dándole gloria? ¿Qué sensación experimento al tener conciencia del infinito amor que Dios siente por mí?


¡Padre bueno, te glorifico con mi pequeña vida! ¡Te glorifico con el gran amor que siento por Ti! ¡Padre, tu nos das la libertad de amarte y yo quiero hacerlo cada día con mi entrega generosa, con mi acción de gracias, con mi obediencia ciega, con mi fidelidad cotidiana, con mi servicio a los demás, con el despojo de mi mismo, con la aceptación de tu voluntad en mi vida! ¡Gracias, Padre, por todo lo que me das que no merezco! ¡Gracias, Padre, porque gozas con nuestro bien, porque deseas mi felicidad y porque me ofreces la vida en abundancia que es tu Hijo Jesucristo para que lo siga con su Palabra y lo vivifique diariamente en la Eucaristía! ¡Gracias, Espíritu Santo, porque iluminas mi vida y me haces tomar conciencia de lo que soy y de que todo lo que tengo es recibido de las manos generosas de Dios no para mi propio provecho, no para abusar de ello y emplearlo mal sino para dar gloria, para desde mi beneficio darlo a los demás, para que se cumpla siempre la voluntad en mi vida y para el bien común! ¡Quiero, Padre, glorificarte con mi propia vida! ¡Que mi relación contigo, Padre, este presidida por el amor, por la experiencia personal, por el gustar de tu presencia y beber de tu Espíritu! ¡Que mi alabanza no sean solo conceptos y palabras sino sentir en mi vida la emoción y el asombro de tu presencia, tu amor y tu misericordia! ¡Configurarme, contigo Padre, con Jesús tu Hijo, y con el Espíritu Santo, pues en esta Trinidad está el camino, la verdad y la vida!

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