lunes, 20 de febrero de 2017

"Creo, ayúdame porque tengo poca fe"


Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul 
Discursos ascéticos, primera serie
"Creo, ayúdame porque tengo poca fe"

      La fe es la puerta que conduce a los misterios. Lo que los ojos del cuerpo son para las cosas visibles, lo es la fe para las cosas escondidas al alma. Así como tenemos dos ojos del cuerpo, así tenemos dos ojos espirituales para el alma, dicen los padres antiguos, y cada uno tiene su propia visión. Por un ojo vemos los secretos de la gloria de Dios escondida en los seres de su creación, es a saber: su poder, su sabiduría y su providencia eterna que nos envuelve y que nosotros comprendemos cuando consideramos la grandeza de lo alto desde donde él nos conduce. Por el mismo ojo contemplamos asimismo los coros angélicos que nos acompañan en nuestra ruta. (Ap 22,9). 

      En cambio, por el otro ojo contemplamos la gloria de la santa naturaleza de Dios mismo, cuando él nos quiere hacer entrar en sus misterios del Espíritu y abre nuestra inteligencia al océano de la fe.

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