lunes, 20 de febrero de 2017

Beata Jacinta de Jesús Marto - Vidente de la Virgen de Fátima - Fiesta Febrero 20



Nació en (Aljustrel - Fátima - Portugal - 11 de marzo de 1910) y murió santamente el 20 de Febrero de 1920, en el Hospital de "D. Estefânia", en Lisboa, después de una larga y dolorosa enfermedad, ofreciendo todos sus sufrimientos para la conversión de los pecadores, por la paz del mundo y por el Santo Padre. Junto a su hermano Francisco Marto y a Lucía Dos Santos, fueron los tres niños videntes de las apariciones de la Virgen de Fátima.

El día 12 de Septiembre de 1935 fue solemnemente trasladado su cadáver del sepulcro de la familia del Barón de Alvaiázere, en Ourém, para el cementerio de Fátima y colocado junto a los restos mortales de su hermanito Francisco.

El día 1 de Mayo de 1951 se efectuó con la mayor sencillez, el traslado de sus restos mortales para el nuevo sepulcro preparado en la basílica de Cova de Iria, (lado izquierdo según se entra). El proceso de beatificación de los dos videntes de Fátima, Francisco y Jacinta Marto, después de las primeras diligencias hechas en 1945 fue iniciado en 1952 y concluido en 1979.


El 15 de Febrero de 1988 fue entregada al Santo Padre Juan Pablo II y a la Congregación para la causa de los Santos, la documentación final que contribuyó para que el Santo Padre los proclamara "beatos". Por medio de esta documentación ellos fueron declarados "venerables" por decreto el 13 de Mayo de 1989. El último paso será, como esperamos, la canonización por la cual serán declarados "santos".

Jacinta era una niña cuando Nuestra Señora apareció. Entra en la Historia a los siete años, precisamente en la edad en que habitualmente se acostumbra indicar como la del comienzo de la vida consciente y de la razón.



El Padre José Galamba de Oliveira (Canon), quien era el Presidente Diocesano de la Comisión para la causa de Jacinta y Francisco Marto, entrevistó a Sor Lucía sobre el carácter de Jacinta:

Sor Lucía contestó:
"Yo sólo puedo decirle lo que yo sentía cuando estaba en su compañía, y puedo describirle cualquier manifestación externa de los sentimientos de otras personas. Lo que yo sentía usualmente es lo que se sentiría en la presencia de una persona santa que se comunicaba con Dios en todo momento. Su comportamiento era siempre serio, modesto y amable. Ella parecía manifestar la presencia de Dios en todas sus acciones, como una persona de edad y virtud avanzada y no como una niña. Nunca observé en ella esa excesiva frivolidad o entusiasmo infantil por los juegos y las cosas bonitas común en los niños, esto es, después de las apariciones. Antes de las apariciones, sin embargo, era la personificación del entusiasmo y del capricho".
"Si algún niño o adulto decían o hacían algo en su presencia que no estaba totalmente correcto, ella les reprobaba diciéndoles que no hicieran eso que ofendía a Dios, quien estaba ya demasiado ofendido".
"Pensaba que Jacinta fue la que recibió de Nuestra Señora una mayor abundancia de gracia, y un mejor conocimiento de Dios y de la virtud".
"Primero que Dios quiso derramar en ella una gracia especial, a través del Inmaculado Corazón de María, y segundo, fue porque ella vio el infierno, y vio la ruina de las almas que caen en él".
De todo el mensaje de Fátima el elemento que más impresionó a Jacinta fue la visión de las consecuencias del pecado, en la ofensa a Dios y en los castigos de los condenados del infierno. A partir de esta visión del infierno, Jacinta se manifestó la más preocupada con la suerte de las almas condenadas al infierno, procurando hacer todos los sacrificios posibles para evitar que otras almas cayesen en el abismo de la condenación. Decía Sor Lucía:
"Jacinta tomó la misión de hacer sacrificios por la conversión de los pecadores tan seriamente en su corazón, que nunca permitió que se le escapara una sola oportunidad... la sed de Jacinta por hacer sacrificios parecía insaciable".
Acostumbraba retirarse, y permanecía mucho tiempo, de rodillas, rezando por aquellos que se encontrasen en mayor peligro de condenación. Llamaba a Lucía y a Francisco y les preguntaba:
"¿Estáis rezando conmigo?, y añadía es necesario rezar mucho para librar las almas del infierno... ¡qué pena tengo de los pecadores!  ¡si yo pudiese mostrarles el infierno!"
Y le decía a Lucía:
"Yo voy al cielo, pero tú que quedas aquí, si te permite Nuestra Señora, di a la gente cómo es el infierno para que no cometan más pecados y no vayan para allá"
Jacinta se mortificaba dejando de comer y dándole la comida a los pobres, ella decía:
"Ofrezco este sacrificio por los pecadores que comen demasiado"
También hacía el sacrificio de beber agua sucia y en el mes de agosto dejaba de tomar agua durante todo el mes. Como forma de penitencia ella y su hermano usaban una cuerda amarrada a la cintura. Por los pecadores aceptó la enfermedad, los alimentos y las medicinas que en esas circunstancias más le repugnaban. Ella ofreció el sacrificio de ser separada de sus familiares y compañeros e ir al hospital, lejos de su casa y finalmente el sacrificio de morir sola, como le había dicho la Santísima Virgen.

Mientras las fuerzas de su cuerpo iban decayendo por la enfermedad, su alma se fue embelleciendo según iban pasando los días, a través del resuelto, constante y gozoso ejercicio de la virtud Cristiana. Su abandono a la voluntad de Dios fue completo. Tres días antes de morir, la Santísima Virgen la visitó, y le prometió que iba a venir a buscarla y le quitó todos los dolores. El 20 de febrero de 1920, fue el día que le anunció la Virgen que ella moriría; sabiendo ésto pidió que viniera el sacerdote. Recibió el sacramento de la confesión pero, como el sacerdote no la veía tan mal le dijo que le daría el viático al día siguiente. Jacinta sabía que no llegaría al día siguiente y aceptó el no poder recibir a Jesús en la Eucaristía. Esa noche a las 10:30 p.m. la Santísima Virgen vino a buscar a su fiel discípula y amante de su Inmaculado Corazón y amiga de los pecadores. La enfermera Nadeja Silvestre al contemplar el cuerpo inmóvil de Jacinta:
"No parecía ser la misma niña; se transformó en radiante y preciosa"
Cuando la Madre Godinho hacía vigilia junto al féretro de Jacinta se fijó en la pequeña lámpara que brillaba a su lado. Quedó sorprendida al ver cómo la lámpara ardía tan brillantemente y no tenía nada de aceite. El cuerpo de Jacinta, que por su enfermedad y por las heridas de su cuerpo no despedía un olor agradable antes de morir, después que murió despedía un perfume suave. Cuando su cuerpo fue llevado a la Iglesia de Lisboa, las campanas comenzaron a tocar sin que nadie las estuviese moviendo y con la puerta cerrada. Una vez Jacinta dijo que había escuchado a los ángeles cantar, pero que ellos no cantaban como los hombres. Y es muy probable que hayan sido los ángeles los que hayan tocado las campanas de la Iglesia dándole la bienvenida a la que entregó toda su corta vida, cumpliendo los designios del Corazón de Jesús a través del Corazón de María.

El 12 de septiembre de 1932, el cuerpo de Jacinta fue exhumado por primera vez y se halló incorrupto. Su padre al ver el rostro de su hija dijo que el ver el cuerpo de su hija era:
"Como estar viendo a una persona que había crecido, y que uno la conocía cuando estaba joven" 



En la segunda exhumación que ocurrió en 1951, un testigo ocular dijo:
"La expresión del rostro de Jacinta era de una santa paz, y todos los que la vieron no podían evitar tener el sentido de que habían sido privilegiados de haber tenido este gran favor".
Al despedirse de Lucía, Jacinta le dijo estas palabras que nos dice a todos hoy:
"Ya falta poco para irme al cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la Devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas. Dí a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Corazón de María, que pidan la paz al Inmaculado Corazón de María, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la luz que tengo aquí dentro del pecho, que me está abrasando y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María..."
Desapego en cuanto
a las alabanzas de los hombres

Jacinta Marto, con apenas siete años de edad, está dotada de una seriedad marcante. La frente fruncida indica profunda preocupación. Los ojos, que aún reflejan maravillosamente el brillo de lo que habían contemplado, están contraídos pero calmados, indicando un alma inclinada al recogimiento.

El camino de la santidad

En el espacio de tiempo que va desde los siete a los diez años, en que soportó heroicamente el fardo de la enfermedad que la llevaría a la muerte, Jacinta forjó el camino de la santidad. Ya en esa tan precoz edad conoció profundamente la realidad de la vida. Su existencia fue corta, aunque repleta de acontecimientos extraordinarios e incluso fascinantes.

El camino de la santidad: Esta pequeña lo recorrió de tal manera que sus padres y parientes llegaron a exclamar respecto a ella y a los otros dos videntes:
"Es un misterio que no se logra comprender. Son niños como otros cualquiera. Sin embargo, se percibe en ellos un algo extraordinario"
Jacinta Marto, última de una gran prole. De naturaleza alegre, era una chica como las otras. Jugaba, cantaba, tenía sus defectos mayores o menores, su temperamento y, naturalmente, sus preferencias... hasta el 13 de mayo de 1917.

Oración y sacrificios
rescatan a los pecadores

Después de ese día, Jacinta emprendió un profundo cambio interior, una conversión de vida como Nuestra Señora había pedido. Las palabras de María Santísima impregnaron de modo indeleble su alma y pasaron a ser el contenido, el ideal de su vida. Más aún, colocó ese ideal en práctica.
"¡Haced penitencia por los pecadores! Muchos van al infierno porque nadie reza y se sacrifica por ellos"
Tales palabras encontraron profunda resonancia en Jacinta. ¡Y con qué inquebrantable voluntad ella hacía penitencia! Ella no vacilaba en ayunar, frecuentemente, un día entero sin comer o beber nada, dando alegremente su pan a los chicos pobres. Otros días, comía solamente aquello que más detestaba. Traía como penitencia una gruesa cuerda en torno a la cintura. ¡Nada, ningún sacrificio le parecía demasiado grande, tratándose de la salvación de las almas!

El pecado y el Cielo
en su espiritualidad

La espiritualidad de Jacinta se funda en los pedidos formulados por Nuestra Señora:
Claro concepto del pecado.
Noción muy definida de la belleza sobrenatural del Cielo.
Exactamente dos puntos en relación a los cuales nuestra época está inmensamente distante.
No se habla más de pecado. Esta palabra está siendo omitida en la catequesis y desvanecida del pensamiento de las personas. Juntamente con eso, ¡va siendo también eliminada necesariamente la idea del propio Dios! Pues, ¿de qué otra cosa se trata sino de la honra divina que es ofendida por el pecado?
La noción clara de la belleza sobrenatural del Cielo. Cuanto más intensamente un alma tiene esa noción de lo sobrenatural celeste, tanto más fácil será su correspondencia a los llamados de la Madre de Dios. Jacinta es un ejemplo concreto arrebatador de tal correspondencia.
Enormes penitencias
salvarán muchas almas

Profundamente impresionada por la visión del infierno y por el misterio de la eternidad, Jacinta no descartó ningún sacrificio mirando la conversión de los pecadores. En su enfermedad (una tuberculosis que la llevó a la muerte), ofrecía principalmente sus dolores:
"Si, yo sufro, por eso ofrezco todo por los pecadores, para desagraviar el Inmaculado Corazón de María. Oh Jesús, ahora podéis salvar muchos pecadores porque este sacrificio es muy grande"
Todos los que conocían a Jacinta sentían cierto respeto por ella. Lucía, su prima, escribe:
"Jacinta era también aquella a quien, me parece, la Santísima Virgen dio la mayor plenitud de las gracias, conocimiento de Dios y de la virtud. Ella parecía reflejar en todo la presencia de Dios"
Incluso en su dolorosa molestia se mostraba siempre paciente, sin reclamos, enteramente desprendida. Conducta que no correspondía a su carácter natural. ¿Qué posibilitaba a esa niña la práctica de tal fortaleza y manifestar semejante comportamiento?  La propia Jacinta da la respuesta a esa pregunta en su exclamación:
"Gusto tanto de Nuestro Señor y de Nuestra Señora que nunca me canso de decir que los amo. Cuando digo eso muchas veces, ¡me parece que tengo un fuego en el pecho, pero no me quema! el Amor ardiente a Jesús y María"
Este fue el amor que transformó a Jacinta y que hizo de ella una copia fiel de las virtudes de la Virgen Santísima. 

Último sacrificio:
en la muerte (aislamiento)

Tan heroica fue la muerte cuanto la vida de Jacinta, en un hospital de Lisboa, completamente abandonada. Este fue objeto de una de las últimas predicciones recibidas por Jacinta, directamente de Nuestra Señora. ¡Con qué coraje conservó la niña este pensamiento! Jacinta narra esta profecía, confiada por ella a Lucía:
"Nuestra Señora me dice que voy a Lisboa, para otro hospital; que no te vuelvo a ver, ni a mis padres; que después de sufrir mucho, muero solita; pero que no tenga miedo, que allá Ella me va a buscar para llevarme al Cielo"
Nuestra Señora anunció también el día y la hora en que debería morir. Cuatro días antes, la Santísima Virgen le retiró todos los dolores. Como nadie estuvo presente en ese grandioso momento, podemos apenas imaginar la escena. ¿Cómo habrá sido la recepción de este pequeño lirio en el Cielo?  Delante de Nuestra Señora, aquel rostro virginal no estará más contraído por el sufrimiento, sino resplandeciente en presencia de Aquel que fue el Fundamento de su vida:
"Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente la hoguera que tengo aquí dentro del pecho y así hacerla gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María"
De qué manera el conocimiento de la vida de Jacinta actúa sobre las almas, puede deducirse de las palabras del postulador de las Causas de Beatificación de ella y de su hermano Francisco:
"Nunca en la Historia de la Iglesia dos pequeños fueron tan conocidos y estimados cuanto Francisco y Jacinta. Ellos han traído innumerables almas para el camino de la perfección"
"Su entrega a la voluntad de Dios fue total"



Palabras de Jacinta


Sobre el pecado:

Los pecados que llevan más almas al Infierno son los pecados de la carne.
Vendrán modas que han de ofender mucho a Nuestro Señor.
Las personas que sirven a Dios no deben ir con la moda, la Iglesia no tiene modas, Dios es siempre el mismo.
Los pecados del mundo son muy grandes.
Si los hombres supiesen lo que es la eternidad, harían todo para cambiar de vida.
Los hombres se pierden porque no piensan en la muerte de Nuestro Señor y no hacen penitencia.
Muchos matrimonios no son buenos, no agradan a Nuestro Señor y no son de Dios.
Sobre los sacerdotes y los gobernantes:
Madrina mía, ¡pida mucho por los pecadores!
¡Pida mucho por los sacerdotes!
¡Pida mucho por los religiosos!
¡Los sacerdotes sólo deberían ocuparse de las cosas de la Iglesia!
¡Los sacerdotes deben ser puros, muy puros!
La desobediencia de los sacerdotes y religiosos a sus superiores y al Santo Padre ofende mucho a Nuestro Señor.
Madrina mía, ¡pida mucho por los gobiernos!
¡Ay de los que persiguen la Religión de Nuestro Señor!
Si el gobierno dejase en paz a la Iglesia y diese libertad a la Santa Religión, sería bendecido por Dios.
Sobre las virtudes cristianas:
Madrina mía, no ande en medio del lujo; huya de las riquezas.
Sea muy amiga de la santa pobreza y del silencio.
Tenga mucha caridad, incluso con quien es malo.
No hable mal de nadie y huya de quien lo hace.
Tenga mucha paciencia, porque la paciencia nos lleva al Cielo.
La mortificación y los sacrificios agradan mucho a Nuestro Señor.
La confesión es un sacramento de misericordia. Por eso es necesario que se aproximen al confesionario con confianza y alegría. Sin confesión no hay salvación.
La madre de Dios quiere más almas vírgenes, que se vinculen a Ella por el voto de castidad.
Para ser religiosa es necesario ser muy pura de alma y de cuerpo.
Iría con mucho gusto a un convento; pero quiero más ir al Cielo.
¿Y sabes tú qué quiere decir ser pura?, le preguntaba la Madre Godinho.
Sí, lo sé. Ser pura de cuerpo es guardar la castidad; y ser pura de alma es no cometer pecados, no mirar lo que no se debe ver, no robar, no mentir nunca, decir siempre la verdad aunque nos cueste.
Quien no cumple las promesas que hace a Nuestra Señora, nunca tendrá felicidad en sus cosas.
Los médicos no tienen luz para curar bien a los enfermos, porque no tienen amor de Dios.
Texto tomado de EWTN:
http://www.ewtn.com/fatima/spanish/children/index.htm


Fuente - Texto tomado de ENCUENTRA.COM:
http://encuentra.com/beatos/jacinta_marto15093/


Fuente - Texto tomado de ES.WIKIPEDIA.ORG:
http://es.wikipedia.org/wiki/Jacinta_Marto

Fuente - Texto tomado de CATOLICO.ORG:
http://www.catolico.org/santos/francisco_jacinta_espiritualidad.htm


Texto tomado del Libro:
Fátima - Por Fin Mi Inmaculado Corazón Triunfará - Su Mensaje - Sus Advertencias - Sus Promesas - Campaña Salvadme Reina de Fátima, por la gracia de Jesús - P. Juan Clá Dias
Publicado por Cristina Ochoa en

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