lunes, 30 de enero de 2017

Cómo orar con el cuerpo

Cómo orar con el cuerpo


La oración se expresa en el tiempo, con o sin palabras. El acto de rezar tiene un elemento central: el cuerpo. Las principales posturas que sostienen la elevación del alma a Dios son rezar sentados, de rodillas y de pie. Si se hacen bien, estas posturas favorecen el recogimiento y la atención a Dios. Expresan las disposiciones del alma y la verdad de nuestros sentimientos por Dios.

El lenguaje del cuerpo

El cuerpo humano habla en la oración, podemos confiar en él. Posee su propio vocabulario: suspiro, silencio, grito, lágrimas, gestos, actitudes, súplicas, bendición, canto, danza,… ¿Quién podría dudar de su inteligencia y de su sabiduría? Ciertamente no esos hindúes parados a orillas del río Ganges inmóviles hasta el amanecer, ni esos judíos vueltos a Jerusalén, ni los musulmanes postrados en dirección a La Meca, ni esos monjes que se inclinan al rezar “Gloria al Padre, al HIjo y al Espíritu Santo”.


Hay posturas en la oración que se encuentran en todas las religiones, aunque difieran en las representaciones de lo divino: estar de pie para alabar y acoger, arrodillarse y postrarse para adorar y pedir perdón, sentarse para escuchar y meditar. La oración inspira una actitud física que ayuda a rezar, tanto al cuerpo como al alma, que están estrechamente ligadas, como el aliento lo está a la vida, o el árbol a la tierra.

El cuerpo nos hace tocar el cielo. Expresa la oración a través de gestos sencillos: manos elevadas para interceder y ofrecer, manos abiertas para pedir y recibir, manos juntas para suplicar y recogerse, manos cruzadas sobre el pecho para interiorizar y escuchar. “Cada día te he invocado, he extendido mis manos hacia ti” (Salmo 88,9).

Le corps nous fait toucher le ciel. Il  exprime la prière par de simples gestes comme ceux si nuancés de la main : mains levées pour intercéder et offrir, mains ouvertes pour demander et recevoir, mains jointes pour supplier et se recueillir, mains croisées sur la poitrine pour intérioriser et écouter. « Je t’appelle, Seigneur, tout le jour, / je tends les mains vers toi (Ps 87, 10).




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