sábado, 31 de diciembre de 2016



Sábado, diciembre 31, 2016

SÉPTIMO DÍA DE LA OCTAVA DE NAVIDAD, AÑO I
JUAN 1: 1-18
Amigos, el día de hoy volvemos a detenernos en el Prólogo del Evangelio de san Juan, mismo que leímos el día de Navidad. El Verbo se hizo carne “y nosotros hemos visto su gloria”. Todos los modos en que el Antiguo Testamento ha hablado del involucramiento de Dios en el mundo coinciden en esta descripción de Jesucristo: él es el Verbo poderoso que no regresará sin haber cumplido su propósito.

Ahora bien, ¿cuál es su propósito? Atendamos al profeta Isaías: “El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, verán la salvación de nuestro Dios”. El que Yahvé haya desnudado su santo brazo significa que Yahvé se ha arremangado para iniciar su obra.

Pero fijémonos ahora en el pesebre de Belén. Quizá veamos cómo en ocasiones del pesebre se asoma un brazo diminuto. “El Señor desnuda su santo brazo”. Ésta es la anticipación de otro momento en el que desnudaría su santo brazo, cuando extendió sus brazos sobre el madero de la cruz, a la vista de todas las naciones, tal y como Isaías proclamara. El poder de Dios se revelaría en la impotencia del amor hasta la muerte. Esto fue lo que se encarnó aquel día de Navidad.


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