domingo, 17 de diciembre de 2017

Domingo, 17 de Diciembre, 2017


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Domingo, 17 de Diciembre, 2017

3ER DOMINGO DE ADVIENTO

JUAN 1: 6-8, 19-28

Amigos, el Evangelio de hoy presenta a Juan el Bautista como el mensajero que prepara el camino para Jesús. Juan dice: "Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Haced recto el camino del Señor.’" Afirma que su labor es preparar la gran llegada del Señor. Ha de trazar la vía que facilite su llegada. Se avecina un cambio, se está formando una revolución, un desastre (la destrucción de lo viejo) está a punto de ocurrir. Preparen el camino del Señor.

Pero, ¿cómo prepararlo? Se trata de un bautismo de arrepentimiento. El bautismo—una inmersión en el agua—recordaba a los judíos del siglo primero sobre el éxodo, cuando cruzaron el Mar Rojo, dejando atrás los caminos de la esclavitud. Dios volvería a humillar a los poderes de su tiempo de la misma manera en que humilló a Egipto y a Babilonia.

¿Y qué hay del arrepentimiento? Simplemente significa trascender nuestro modo de pensar. ¡Cuán condicionadas están nuestras mentes por el mundo caído! Nuestras expectativas están moldeadas y paralizadas por lo que ha ocurrido antes. Juan afirma que ha llegado el momento de tener una nueva mente, un nuevo par de ojos, una nueva forma de esperar.

Parte de ese proyecto de Amor querido por Dios desde la eternidad

orar con el corazon abierto

Tercer sábado de Adviento con María en el corazón. El Adviento es tiempo de confiar y esperar como y con María. El Adviento es tener la alegre expectativa de recibir al Emmanuel, el Dios con nosotros, un Dios que hace su entrada en la historia de la humanidad a pesar por todas las barreras que el hombre le pone para compartir las ansiedades, las alegrías, las tristezas, las esperanzas y las preocupaciones de toda la humanidad. ¡Y esta es la gran novedad del cristianismo! ¡Dios que ama tanto a la humanidad se convierte en un miembro más de este mundo a veces tan irracional!
Esta hermosa experiencia de salvación no podría haberse realizado sin el generoso y libre “sí” de María, que se puso a disposición de Dios para ser la Madre de Jesús. Un día más para contemplar a María, una joven entre tantas de Nazaret, una criatura sencilla y humilde, desprovista de una gran cultura y de familia social muy modesta. Ella podría haber empleado su libertad para, legítimamente, decirle que no a la misteriosa por no decir sorprendente propuesta del ángel Gabriel, el Mensajero de Dios. Y Dios habría respetado esta libertad, porque Dios nos quiere y nos ha creado totalmente libres, hasta el punto de que podemos decir que no y cerrarle la puerta de nuestro corazón. Sin embargo, María respondió: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Esta respuesta de María es una adhesión libre a la voluntad de Dios, al proyecto del Amor de Dios. No se trata de un sí de conveniencia para liberarse los planes de Dios, como nos sucede tantas veces en la vida, para decir que sí para deshacernos de alguien que nos molesta, sin la libre adhesión de nuestra parte. La respuesta de María no está motivada por el temor o la aprehensión ante un posible castigo. María se acoge a la pedagogía de la comprensión. La pedagogía del amor de Dios.
El sí de María es un acuerdo libre, consciente e incondicional a un proyecto que proviene del Creador. Un Dios que no utiliza su fuerza y que no trata de imponerse a sí mismo, sino un Dios que quiere conducir a la humanidad simplemente a la salvación, humillándose y disminuyéndose a sí mismo, y utilizando nuestras libertades en la vida cotidiana.
María es consciente de que con su sí forma parte de ese proyecto de Amor querido por Dios desde la eternidad. María entendió que Ella formaba parte del pensamiento de Dios para integrar su plan de salvación. Pero María también sabe que la maternidad tendrá consecuencias difíciles de soportar en la sociedad y la cultura de su tiempo. Ella aceptó enfrentar ese peligro confiando en el Señor que nunca nos abandona cuando nos confía una misión.
En este sábado de Adviento, María surge de nuevo como el icono vivo que nos acompaña en nuestra espera de la fiesta de la Natividad. El icono de la esperanza, de la alegría y de la fe. Y hoy soy más consciente que nunca que debo obtener estas virtudes teologales provenientes de Dios para permitirle al Señor nacer todos los días, libre y confiadamente, en mi corazón.

Santa Misa de hoy III Domingo de Adviento - Dic 17/17

“Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a Él, y dijo: “....A éste me refería yo cuando dije: -Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo.-“ (Jn 1, 29-30)

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Liturgia latina 
Antífonas del Magníficat de los días 17 al 23 de diciembre
“Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a Él, y dijo: “....A éste me refería yo cuando dije: -Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo.-“ (Jn 1, 29-30)
   -Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.

    -Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a liberarnos con el poder de tu brazo.

    -Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.

    -Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

    -Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

    -Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

    -Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

(Ref. bíblicas: Dt 8,5; Prov 8,22s; Hb 1,4; Ex 20; Is 11,10; 52,15; 22,22; 42,7; Lc 1,78; Mal 3,20; Ag 2,7Vulg; Is 28,16; Ef 2,14; Gn 2,5; Is 7,14)

Lecturas Diarias 17 de diciembre de 2017 « 16 de diciembre | 18 de diciembre » Tercer domingo de Adviento

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17 de diciembre de 2017

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Tercer domingo de Adviento 
Leccionario: 8
Lectura 1 IS 61: 1-2A, 10-11
El espíritu del Señor DIOS está sobre mí, 
porque Jehová me ha ungido; 
me ha enviado para traer buenas nuevas a los pobres, 
para sanar a los quebrantados de corazón, 
para proclamar libertad a los cautivos 
y liberar a los prisioneros, 
para anunciar un año de favor de parte de Jehová 
y un día de vindicación de nuestro Dios. 

Me regocijo sinceramente en el SEÑOR, 
en mi Dios está la alegría de mi alma; 
porque él me vistió con un manto de salvación 
y me envolvió en un manto de justicia, 
como un novio adornado con una diadema, 
como una novia engalanada con sus joyas. 
A medida que la tierra produce sus plantas, 
y un jardín hace crecer su crecimiento, 
así el Señor DIOS hará justicia y alabanza
brotar delante de todas las naciones
Salmo Responsorial LC 1: 46-48, 49-50, 53-54
R. (Is 61: 10b) Mi alma se regocija en mi Dios. 
Mi alma proclama la grandeza del Señor; 
mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, 
porque ha mirado a su humilde servidor. 
Desde este día, todas las generaciones me llamarán bendito: 
R. Mi alma se regocija en mi Dios. 
el Todopoderoso hizo grandes cosas por mí, 
y santo es su Nombre. 
Él tiene misericordia de aquellos que le temen 
en cada generación. 
R. Mi alma se regocija en mi Dios. 
A los hambrientos colmó de bienes 
y los ricos los envió vacíos. 
Él ha venido en ayuda de su siervo Israel 
porque ha recordado su promesa de misericordia. 
R. Mi alma se regocija en mi Dios.
Leyendo 2 1 THES 5: 16-24
Hermanos y hermanas: 
Regocíjense siempre. Orar sin cesar. 
En todas las circunstancias da gracias, 
porque esta es la voluntad de Dios para ti en Cristo Jesús. 
No apague el Espíritu. 
No desprecies las declaraciones proféticas. 
Prueba todo; retener lo que es bueno. 
Abstenerse de todo tipo de maldad. 

a fuente de la paz interior

Orar con el icono de la Virgen del Silencio

El icono de la Virgen del Silencio fue ‘escrito’ en el monasterio benedictino de la Isla de San Julio, en el norte de Italia, por encargo del sacerdote capuchino Emiliano Antenucci. Me lo enviaron mientras buscaba la fuente de paz interior.
Los iconos son teología en imagen. “Así como la lectura de los libros materiales permite la comprensión de la palabra viva del Señor, del mismo modo el icono permite acceder, a través de la vista, a los misterios de la salvación”. (Juan Pablo II, Duodecimum saeculum) Se escriben para que cuantos los contemplan y veneran con humildad y devoción, reciban la luz divina, crezcan en el conocimiento y amor de Dios, obtengan la misericordia, la gracia y la liberación de todos los males y sean dignos del reino celestial.
Podemos acercarnos a un icono desde el punto de vista histórico, devocional, artístico, dogmático o espiritual… o bajo todas estas perspectivas. Partiendo de la objetividad espiritual que nos transmite la Escritura, la liturgia y la tradición, al contemplar un icono hemos de estar siempre abiertos a lo que el Espíritu Santo quiera decir a cada uno, en cada circunstancia, de alguna manera como sucede cuando meditamos la Palabra de Dios.
La monja que escribió el icono de la Virgen del Silencio, explica que esta imagen nos pone en presencia de la Madre de Dios (las letras griegas inscritas sobre sus hombros, son la abreviación de Mhthp Èeoy, Madre de Dios), como quien presenta a una amiga para que sea también amiga nuestra y se convierta en parte de nuestra vida.
Posando el dedo índice sobre los labios de su pequeña boca, María nos invita a vivir el silencio no sólo como práctica ascética, ni como simple medida disciplinar, o como ayuno de vana palabrería, sino primordialmente como condición para la escucha. María es cavidad habitada, hogar trinitario, templo que porta en sí al Misterio, al Verbo eterno que se hizo hombre para redimirnos. Por eso nos está pidiendo: “¡guarda silencio! porque habla el Silencio.” Así, el silencio de María es profundamente elocuente, todo un canto de alabanza.

Mensaje de consuelo y alegría


Jesús el Tesoro Escondido



MENSAJE DE CONSUELO Y ALEGRIA

Por José María Martín OSA

1.- Domingo “gaudete”. Toda la Palabra de Dios de hoy nos habla de alegría y esperanza. El profeta Isaías anuncia los tiempos mesiánicos. Se venía anunciando la figura de un gran "Ungido", que en griego se dice "Cristo" y en hebreo "Mesías". El hombre necesita urgentemente un Salvador, pero un salvador que no sea ángel ni extraterrestre, sino hombre entero y verdadero, pero que sea también un Dios. Necesita un Salvador que aporte luz a sus pasos inciertos, que lo cure de muchas enfermedades, que le dé razones para vivir, que le enseñe lo que es la vida, que entone el himno de la libertad y de la alegría. Un Salvador que nos diga dónde está la verdad del hombre y de Dios. Será maestro del consuelo, dará "buenas noticias" a los pobres y a todos los que sufren; sus palabras llegarán al corazón de todos los que esperan. Nadie junto a él se sentirá triste o decaído. Hace suyos los sufrimientos de todos. Sus palabras alientan a los pusilánimes y hasta resucitan a los muertos. Regala a los suyos una alegría que nada ni nadie les puede arrebatar. Será profeta de libertades, enemigo de toda esclavitud. Derramará la gracia generosamente, proclamará "el año de gracia del Señor". Se dará comienzo a un régimen de gracia, un año de gracia que no se termina, un tiempo en que todo será misericordia y benevolencia, júbilo y generosidad. Dios se hace gracia por un año sin término, gracia para siempre.

¿Por qué tente que estar alegre?



¿POR QUÉ TENGO QUE ESTAR ALEGRE?

Entre otras cosas, porque  sé, Señor

que Tú llegas por mí y para  mí.

Porque ves el vacío que  existe en el hombre

si Tú no estás dentro.



¿POR  QUÉ TENGO QUE ESTAR ALEGRE?

Porque soy consciente,  Señor,

que la llegada de un amigo

altera la vida de una  familia

el orden al que estamos  acostumbrados



¿POR  QUÉ TENGO QUE ESTAR ALEGRE?

Porque, ante las  calamidades, Señor

no es bueno acobardarse

no es sensato reprimirse

no es cristiano  acomplejarse:

hay que sonreír, incluso, en  la aflicción

sábado, 16 de diciembre de 2017

Novena de Navidad - Día 2

SANTO ROSARIO - DOMINGO - MISTERIOS GLORIOSOS

"Ni el miedo ni el interés pueden mover nuestra vida" - PADRE SANTIAGO M...

Completas - Domingo de Adviento

II Vísperas - Domingo 17 de Diciembre 17 - III de Adviento.

Laudes - Domingo 17 de Diciembre17 - III de Adviento

Sábado, 16 de Diciembre, 2017



Sábado, 16 de Diciembre, 2017

2DO SÁBADO DE ADVIENTO

MATEO 17:9A, 10-13

Amigos, el Evangelio de hoy identifica la aparición de Juan el Bautista con el esperado regreso del profeta Elías. Juan, el heraldo de Cristo, hace su aparición en el desierto. Nos representa a todos nosotros en el desierto del pecado, en ese lugar inerte. Es como si Juan hubiera ido ahí a propósito para recordarnos que estamos necesitados de la gracia.

¿Qué proclama? Un bautismo de arrepentimiento. Éste es un gran mensaje. Que entreguemos nuestra vida a un poder superior. Personas de todo lugar se acercan a él, porque en lo más profundo de nuestro corazón todos resonamos con este mensaje.

Con mucha frecuencia vemos cómo se le pide a los profetas del Antiguo Testamento que pongan en evidencia alguna cualidad del pueblo, quizá algo que son incapaces de ver o que están reacios a hacerlo. Pues bien, esta tradición vuelve a observarse aquí: Juan hace evidente al pueblo su impotencia y necesidad ante el Señor. Pero luego, como Isaías, se rehúsa a dejar las cosas ahí. Anuncia entonces a alguien que está por venir, alguien que bautizará con el Espíritu Santo.
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SANTA MISA DE HOY SABADO 16 DE DICIEMBRE DE 2017.

«Irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías» (Lc 1,17)

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San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermones sobre el evangelio de san Juan, nº 4
«Irá delante del Señor con el espíritu y poder de Elías» (Lc 1,17)
     «¿Por qué los escribas, es decir, los doctores de la Ley, dicen que primero tiene que venir Elías?». El Señor les responde: «Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo, y si queréis comprenderlo, es Juan el Bautista». Así nuestro Señor Jesucristo dice expresamente: «Elías ya ha venido» y que se trata de Juan el Bautista. Pero cuando preguntan a Juan, él mismo declara que no es ni Elías ni Cristo (Jn 1,20s)... ¿Por qué pues afirma: «Yo no soy Elías» siendo así que el Señor dice a sus discípulos que es Elías? Nuestro Señor quería hablar simbólicamente de su venida futura y decir que Juan había venido con el espíritu de Elías. Lo que Juan ha sido para la primera venida, Elías lo será para la segunda. Hay dos venidas para el Juez, y hay también dos precursores. El juez es el mismo en las dos venidas, pero hay dos precursores... El juez tenía que venir primero para ser juzgado; envió delante de él un primer precursor y lo llamó Elías, porque Elías será para la segunda venida lo que Juan ha sido para la primera.

    Considerad, hermanos muy amados, cuan fundada está esta explicación sobre la verdad. En el momento en que Juan fue concebido... el Santo Espíritu había predicho lo que se debía cumplir en él: «Será el precursor del Altísimo, con el espíritu y poder de Elías» (Lc 1,17)... ¿Quién podrá comprender estas cosas? El que habrá imitado la humildad del precursor y conocido la majestad del juez. Nadie ha sido más humilde que este santo precursor. Esta humildad de Juan es lo que constituye su mérito más grande; hubiera podido engañar a los hombres, hacerse pasar por el Cristo, ser mirado como si fuera Cristo pues tan grandes eran su gracia y su virtud y, sin embargo, declara abiertamente: «Yo no soy Cristo. – ¿Eres Elías?... – Tampoco soy Elías».

Lecturas Del Día 16 de diciembre 2017 Sábado de la segunda semana de Adviento

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16 de diciembre 2017

Sábado de la segunda semana de Adviento
Leccionario: 186

Primera lectura 
Eclesiástico (Sirácide) 48, 1-4. 9-11
En aquel tiempo, surgió Elías, un profeta de fuego;
su palabra quemaba como una llama.
Él hizo caer sobre los israelitas el hambre
y con celo los diezmó.
En el nombre del Señor cerró las compuertas del cielo
e hizo que descendiera tres veces fuego de lo alto.
¡Qué glorioso eres, Elías, por tus prodigios!
¿Quién puede jactarse de ser igual a ti?
En un torbellino de llamas fuiste arrebatado al cielo,
sobre un carro tirado por caballos de fuego.
Escrito está de ti que volverás,
cargado de amenazas, en el tiempo señalado,
para aplacar la cólera antes de que estalle,
para hacer que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos
y congregar a las tribus de Israel.

Dichosos los que te vieron
y murieron gozando de tu amistad;
pero más dichosos
los que estén vivos cuando vuelvas.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Novena de Navidad - Día 1

Evangelio del día – Lecturas Sábado 16 de Diciembre de 2017 Adviento 2da...